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sábado, 28 de diciembre de 2013

NO ME DEJES OLVIDAR IV PARTE

CINCO DIAS DESPUES…
        Ocho de la noche, Cruz María iba en una patrulla cuando intempestivamente…
        -A todas las unidades disponibles, intruso en el 3219 en la avenida 42 y Ventura, cerca a muelle Rainbow Cove.
        Y los autopatrullas salieron disparados hacia la dirección indicada, incluyendo el suyo. Cruz María intuía que la situación no iba a ser fácil.
        -Dios, que no sea lo que yo estoy pensando…
        Llegó a la casa de Kent. Entró con cautela al lugar, que se encontraba oscuro a esa hora, en medio de un silencio pesado que se podia cortar con un cuchillo. Conteniendo la respiración se fue internando en el interior de la casa… escucho en ese momento un gemido, proveniente de una de las habitaciones… guiándose por el mismo llego hasta una habitación amplia, y vio algo que no podia creer.
        Una mujer desconocida, en ese momento tenia un hacha levantada, y Kent estaba atado, desnudo… y Cruz María vio para donde se alzaba el hacha… cosa de segundos…
        -¡Alto, policía! ¡Suelte el hacha y camine hacia mí con las manos en alto, ahora!
        A duras penas pudo agacharse y esquivar el hacha que voló hasta estrellarse contra un espejo reventándolo por la mitad… arrojándose al piso le disparo desde esa posición, alcanzándola en un brazo, pero la mujer salió por una de las ventanas de la habitación, perdiéndose en la oscuridad.
        Kent miró hacia un lado de la habitación intentando desatarse cuando vio a Cruz incorporarse…
        -¡Cruz! ¿Qué haces aquí?
        -Avisaron por radio de movimiento sospechoso en esta casa, apuesto que fue uno de tus vecinos metiches, aunque ahora, bendigo que sean entrometidos. –Y lo soltó de donde estaba, el se incorporó sin importarle que estaba desnudo.
        -L9247, estoy en el lugar del hecho, la sospechosa va herida en un brazo, posiblemente no pueda conducir bien… rehén asegurado y a salvo… por ahora…
        -10-4, hago un 10-6 a la misma.
        -10-4.
        Ruborizada, con la adrenalina a mil, se dirigió a la sala y encendió la luz, dándole tiempo a Kent, a cubrirse y así calmar su maltratado recato.
        En ese momento, llego Ornella junto con el resto del equipo… la casa quedó llena de policías, junto con los de criminalística… y también Dácil.
        -Poco falto para que en lugar de la sajada, hubiera sido una mano o un brazo menos.
        -No la dejé… allá está el hacha en el suelo…
        -Hermana, esto es serio… que no te pase lo que a mí… no quiero que tú seas la siguiente… A mí me sajaron con un cuchillo, lo tuyo es peor…
        -Lo sé.
        Vance también llegó en el grupo… y se acercó a su hermano.
        -Lo primero que te dije, y lo primero que haces…
        -No me regañes, he pasado un susto mayúsculo con esto.
        -De no haber aparecido Cruz, ahora estuviéramos recogiendo lo que quedaba de ti, después de lo que te hubiera hecho esa… me imagino que fue de esos ligues de pub y taberna a los que estás tan acostumbrado.
        Kent miró la severa cara de su hermano mayor… sí, era cierto, era afecto a las aventuras de una noche, pero por alguna razón, con Cruz se había abstenido.
        -Tú también tenías tus aventuras.
        -Muy diferente, yo buscaba mujeres más tranquilas, no la clase de  chicas en “tecnicolor” que buscabas tú.   Dácil a pesar de la marca en su rostro, es una mujer seria y decente… Kent, arregla tus cosas con Cruz… hazme caso. O la próxima vez, tendré que recogerte con pala. Si no es que antes te contagian de SIDA.
        Dácil se acercó a Cruz María, que estaba sumamente pálida.
        -¿Pudiste verla?
        -Sí… se trata de la misma que acuso a Kent de acoso sexual antes de que empezaran a pasar estos accidentes… no quiero pensar que se trata de la misma persona que estamos buscando.
        -Ariane Papandreou… esa tuvo un caso de escándalo por violación primero y acoso sexual después… lo de violación fue por uno que termino robando medicamentos del hospital. Y el está en estos momentos, preso.
        -Allí fue donde volviste a ver a Kent… y ahora, con esto… Si es ella, creo que este asunto terminará siendo personal.
        -Es lo que temo.
        -Me imagino que entre eso y saber que duerme sin ropa, te tiene con la adrenalina en alta.
        -No puedo evitarlo. Me odio por esquivarlo, cuando quisiera todo lo contrario.
        -Ármate de valor e inténtalo. De situaciones así, han salido grandes amores y maravillosas pasiones.
        Kent se acercó a Cruz María.  Y esta se dio cuenta de algo.
        -Cruz, esta situación entre nosotros, no puede continuar así.  Casi estuvo a punto de matarte, si no hubieras sido más agil.
        -Lo sé. No puedo hacer nada, mientras ese asesino este en la calle, no voy a dejar que se te acerque.  Y si por mi cuenta fuese, prefiero que me haga cualquier cosa, que recogerte con pala convertido en pedacitos. Yo me puedo defender, soy heroína nacional, pero eso a ese condenado le importa tres soberanos pepinos.
EN LA CARCEL DEL CONDADO… UN HOMBRE MIRABA EL CIELO RASO DE SU CELDA…
        -Otra noche más… hasta que me enjuicien.
        El que así pensaba era el doctor Ken Torrance, quien había sido acusado por violación y robo de medicamentos en el hospital, en esos momentos esperaba su juicio.  Nadie había creído en su inocencia, porque ya había sido acusado por otra enfermera, del mismo delito… Lo que no imaginaba era que esa sería su última noche vivo.
        Lo despertó el sonido de la llave del carcelero. Le habían traído la cena.  Pero curiosamente, no tenía hambre… pero para no despreciar la cena, la aceptó.  Lo que no imagino es que esa, sería su última cena…
        -A ver, que me trajeron aquí…
        Un vaso grande de café y una caja con donas… demasiado inocente, para ser cierto… el fue comiendo poco a poco el contenido del mismo… hasta que un fuerte dolor en el estómago lo sorprendió y no le dio tiempo a recuperarse, al mismo tiempo que empezaba a echar espuma por la boca… y se derrumbo en el piso como un saco de papas.
        El custodio del piso donde estaba la celda del recluso, se acercó al escuchar el golpe que hizo el cuerpo al caer… y al verlo… aviso al que estaba en la sala de guardia.
        -Llama a la policía… Torrance acaba de fallecer.
        -¿Estás seguro?
        -Si, y no se qué fue lo que le pasó. Hace unos segundos le trajeron la cena…
        -¿La cena? Pero si la cena fue hace tres horas….
        -Entonces… fue un atentado…
        -¿Pudiste ver quien lo trajo?
        -Era un muchacho con un pasamontañas… no pude verle la cara… esto me va a costar el trabajo. Si es que no me fichan como sospechoso también.
        Las patrullas llegaron a la prisión, asi como llego tambien el carro de la fiscalía general.
        -¿Pudo ver quien le trajo eso?
        -Un muchacho con un pasamontañas. No pude verle la cara, y dijo que el recluso fallecido era su tío.
        -Extraño, tengo entendido que la única hermana que tenía este tipo, no tuvo hijos.   Además, el recluso no tenia más familia que ella.
        Marbella Parra, una de las peritos criminalistas se agachó para tomar el vaso de café que había bebido el recluso antes de morir.
        -Matarratas. –Dijo después de oler el vaso. –Eso se lo mezclaron con el café. No se dio cuenta, porque con el azúcar, el sabor se disfraza… Pobre tipo, lo que debió haber sufrido.
        Metio el vaso en una bolsa con cierre hermético y le puso una etiqueta con un número… mientras se llevaban el cadáver…  Con este eran ya diez los muertos que llevaba aquel asesino, un policía herido y un caso sin esperanza de resolverse.
        -Se lo frustrada que debe estar, doctora Robles, pero este piojo hediondo, se escapa riéndose de nosotros.
        -Es mas resbaloso que una guabina en rio de agua dulce… pero no toda la vida podrá correr.
        Cruz María al ver el cadáver del antiguo rival de Kent, no pudo evitar estremecerse… ahora más que nunca debía estar cerca de él… esta mujer no jugaba a los dados.
AL DIA SIGUIENTE… TODOS EN EL HOSPITAL ESTABAN ENTERADOS DEL ASESINATO DE TORRANCE.
        -Increíble… aun no esclarecen que fue lo que lo mató.
        -Lo peor es que se fue sin pagar su crimen. –dijo un doctor de ascendencia egipcia, a quien por mucho tiempo pusieron a subir y a bajar escaleras por ese delito. O sea, que lo cancelaron antes de que el juez dictara sentencia, es un asco.
        -Karim, sé que esto te frustra, por el mal rato que pasaste, pero ya sucedió… ahora falta ver quien le llevo la cena envenenada. El que va a estar en el ojo de la tormenta fue el custodio que la recibió y el que se la llevó, sin revisar qué llevaba, y ni siquiera pedir identificación.  A ese, seguro lo despiden.
        -Por cierto… ¿a ti no te atacó también la “castradora”?
        -Si, pero un policía motorizado, que pasaba esa noche por allí, lo impidió. Y se llama Atenas.
        -Como la capital de Grecia, ah, bribón. –le dijo Kent palmeándole el hombro…
        -Si, lo que pasa es que no la he vuelto a ver desde ese día. Y la imagen de su rostro no se va de mi mente….  Y ni idea tengo del precinto donde trabaja.
        -¿Por qué no la has buscado? –pregunto Joe Kane.
        -Cobardía. Tengo miedo de que me rechace.
        -Yo que tú, me arriesgo, Karim. Estas chicas son diferentes a las que estas acostumbrado a tratar… y no dejes escapar a quien puede hacerte feliz… por timidez o por orgullo.
        -¿Tú sabes en que precinto trabaja Atenas?
        -El mismo donde trabaja Marelka, la chica que me tiene cautivado, y la que tiene cautivo a mi hermano. Si quieres, voy a buscarla, y arreglo el encuentro de ustedes.
        -¿Harías eso por mí?
        -Que no hace uno por los amigos.
        -Gracias, hermano. –Lo abrazó fuertemente, sabía que Joe Kane era no solo un buen jefe, sino un amigo excelente, de esos que en todo momento se podía confiar.
ESA NOCHE… ATENAS SALIA DE TURNO CON MARELKA Y CARLA REBECA.
        -Te veo muy taciturna, Atenas… ¿No sabes nada del egipcio?
        -No lo he vuelto a ver desde el día que aquel desconocido casi lo mata, y yo estaba de servicio en auto patrulla. Fue una verdadera cacería, pero como nada es perfecto, se escapó el pejeperro.
        -Desde ese entonces, no lo ves.
        -No, no lo veo, ya me resigné. Aunque me hice de un par de datos. No sé si serán útiles para ti.
        -¿Cuáles son esos datos?
        -Anoche fueron a la cárcel del condado a levantar un cadáver, el doctor que fue acusado por violar a una enfermera del hospital. Torrance, que fue envenenado con matarratas. Al egipcio lo acusaron de ese crimen, y estuvo subiendo y bajando escaleras como loco por tres meses. Como se probó que el responsable fue otro, lo dejaron libre, pero lo peor fue que la enfermera que fue violada puso otra queja por acoso sexual.
        -¿Sospechas de ella?
        -No sé, hay algo que no está claro.  Desapareció sin dejar rastro, y un par de semanas después, el primer cuerpo desmembrado, atentados contra tres médicos del mismo hospital y contra el Jefe de Asuntos Internos. Demasiadas coincidencias para que pasen inadvertidas.
        -No lo noté.
        -Yo sí, y me corro a robo, si el asesino en serie que buscamos no es un él, sino ella.
        -Ariane Papandreou, resultaría imposible de creer.  A menos que ella ocultara su verdadero yo.
        -Ella fue violada y ahora debe andar con el factor RH vengativo en alta frecuencia… De nosotras depende si la dejamos llegar a donde quiere.
        No había acabado de hablar cuando vio llegar un auto conocido. Un Audi, marca europea de auto que algunos médicos del hospital habían adquirido. Este era de Joe Kane, el admirador secreto de Marelka, que cambió de color dos veces.
        -Llego tu dolor de muela, Marelka.
        -No es gracioso, desde que casi lo pican en trocitos, no lo volví a ver hasta ahora. Y no sé qué rayos voy a decirle cuando quiera que le explique por qué me rife la vida por él sin pensar.
        -Al mal trago, darle prisa. Amiga, deja que él ponga las cartas sobre la mesa y tú después descubre las tuyas. Además, se parece mucho al que mataron. Sé que quisiste mucho al teniente Adams, pero la vida continúa aunque no te guste.
        -Lo sé, amiga.  De eso ya vamos para tres años, y me parece que fue ayer nada más. Fui a terapia, por lo mismo, supere algunas cosas, pero no todo.
        Atenas también vio bajar del mismo auto a Karim.
        —Y hablando del Rey de Roma... —observó Marelka al egipcio. —Prepárate, amiga, tendrás que dar muchas explicaciones.
        El egipcio fue al patio donde estaban las motocicletas, allí estaba Atenas, con su cabello negro y ese estilo característico tipo AMANDA MIGUEL en sus mejores tiempos.
        —Tenemos una conversación pendiente, oficial.
        Atenas lo miró, esos ojos de gato, que parecían ser de jade, y esa piel bronceada, que gritaba a los cuatro vientos su ascendencia árabe argelina. El nació en Argelia, muy cerca de Túnez.
        —Estoy saliendo de mi turno en la central. Si desea, puede acompañarme doctor Deauville.
        —Me pregunto, cuando me vas a tutear, ese doctor Deauville, suena demasiado formal para mi gusto.
        Los ojos del hombre delinearon su figura. Atenas se sonrojó. 
        —Si no lo tuteo es por respeto. No porque le tenga miedo, doctor. Espéreme aquí, iré a cambiarme.
        Vio la figura de Atenas desaparecer tras una puerta cercana al estacionamiento de las motocicletas.



        Joe por su parte entró a la sala de guardia para preguntar por Marelka.
        —Buenas noches, oficial.
        —Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarle?
        —Busco a la oficial Marelka Rojas.
        —Ella sale de turno dentro de quince minutos. Si gusta, puede esperarla.
        Joe se sentó en uno de los sillones de la sala de guardia. Oficiales vestidos de azul pasaban hacia los vestidores. Y otros entraban con maletines, para iniciar turno.
        Unos minutos después, Marelka salía de los vestidores, con un jeans negro y un suéter polo azul royal con el logo del departamento de policía.
        —Joe. No esperaba verte.
        —He tenido tiempo para pensar en lo que me dijiste cuando fuiste a verme al hospital.  Marelka, perdóname.
        —¿Cree que tendría valor para volver a pasar por el dolor de perder otra vez a alguien que me importa demasiado?  Ya perdi a Alex, no quiero tambien perderlo a usted.

        Marelka se sorprendió de lo que acababa de decir. Habia dicho lo que hasta hacia unas horas le habia dicho a sus compañeras que nunca le diría a Joe Kane. 

NO ME DEJES OLVIDAR. III Parte

CAPITULO III
ENTRETANTO… CARYLL ESPERABA A MARIA DE LOS ANGELES.
        No tardo mucho en verla… salía con un jeans azul, un sueter polo con el escudo institucional, y el cabello recogido en una cola de caballo.  No llevaba casi maquillaje.
        -Hola, María.
        -Hola, sabía que me estabas esperando… ya se que estamos solos…
        -Te llevo a tu casa, mi auto está afuera.
        María de los Ángeles lo siguió… la semana anterior, tanto Dácil, Carla Rebeca, Marelka, y ella, dieron pelea, tanto que el criminal tuvo que suspender su camino sangriento… pero ahora tocaba el momento de dar explicaciones.
        -Sube. –dijo señalándole el asiento del conductor.
        Subió al asiento al lado del conductor… el auto respiraba el cuidado que le daba su dueño… era un auto casi nuevo.
        -Estás muy callada… y yo, estoy esperando una explicación a lo de hace dos semanas.
        María lo miró… sí, tenía que darle una explicación… Esos ojos iridiscentes que la observaban exigían esa explicación.
        -Estábamos de guardia esa noche, nadie podía adivinar que ese tipo estaba jugando al gato y al ratón con nosotras… si es que es hombre, ya que no sabemos ni siquiera, de qué sexo es… cuando te atacó, no lo pensé dos veces… a pesar de que estaba oscuro… Recordé cuando fui Casco Alado, la época del asalto a la Comandancia, y los rescates… fue cosa de instinto.
        -¿Pretendes que me crea eso? María… hay algo más.
        -¿Qué más quieres que te diga?  No hay más que decir…
        -No es lo que gritan tus ojos… María…hay algo más.
        Estaba perdida… y lo sabía. Caryll detuvo el auto… y se acercó a ella… inexorable.
        -No creo que sea el momento para esto…
        -Ha estado entre nosotros desde que nos miramos por primera vez, María… admítelo.
        Y la besó… no sin antes envolverla en sus brazos… de manera que no pudiese salir de ellos.  Ella vibró, sin saber cómo hacer… luego de un largo momento… el levantó la cara.
        -Deseo tu cuerpo, María. –dijo con voz ronca. –Nunca en la vida una mujer me hizo sentir así… Quiero tenerte en mis brazos esta noche… aunque, bien sé que me dirás que no.
        -Sabes que no se puede.
        -Porque lo dices tú… María… estás sola, yo también, deberíamos unir nuestras soledades y enfrentar juntos al asesino… ¿no crees?
ENTRETANTO, EN EL HOSPITAL… TODO SE DESENVOLVIA CON NORMALIDAD…
        Cruz estaba ordenando unos expedientes y clasificándolos en la computadora cuando llegaba Kent.
        -¿Ocupada?
        -Algo. –dijo sin levantar la vista de lo que estaba haciendo. –Estoy clasificando expedientes. –Se levantó y Kent la contempló admirado…
        -¿Por qué me miras así?
        -Llevas muy bien ese uniforme, tienes un bello cuerpo… lástima que lo cubras con un uniforme, el de aquí y el del precinto… ¿Cómo haces para mantener esa línea?
        -El ejercicio que hacemos cuando entrenamos. Recuerda que fui Alada, y ahora soy policía… aunque ya con una licenciatura en Leyes. 
        -Deberíamos salir algún día… hay algo pendiente entre los dos, y debemos darle alguna solución…
        -Sabes que no se puede, Kent, estoy de servicio, y los días libres no tengo casi tiempo… no es que tenga miedo o que no quiera… no tengo tiempo.
        -Tenemos que enfrentar lo nuestro algún día… y prefiero que sea ahora, antes de que ese asesino alcance a alguno de los dos… Cruz, que no tenga que pasar por lo que está pasando Vance, que le toco ver al amor de su vida, con una mejillla marcada… lo tuyo puede ser mucho peor.
        En ese momento, llegaba Lucy, el jefe de enfermeras… y él tuvo que irse.
        -Te veré en la hora del almuerzo… esta conversación no ha terminado.
        Y se fue, después de envolverla en una mirada inequívoca. Lucy al ver aquello… supo que algo se traían.
        -Otra que cae en sus redes.
        -La verdad, hace tiempo que caí en sus redes, lo conozco desde Panamá.
        -Yo, si fuera tú, aprovecho la oportunidad, querida. –dijo mirando apreciativa a la chica que intentaba esconder el rubor de sus mejillas. –Juega con inteligencia, cuando menos lo esperes, lo tendrás a tus pies. Y con suerte, lo arrastrarás contigo al altar. Eres hermosa, con clase, distinción, y una profesional, aunque sea de la profesión que no tiene vida propia. Estas oportunidades no se dan todos los días.
        Y se alejo, con el carrito de los medicamentos.  Cruz María la miró y pensó –Si supiera de dónde lo conozco… ay Kent Lancaster… siempre fuiste mi dolor de cabeza.
AL REGRESAR AL DESPACHO DEL FISCAL DE DISTRITO…
        -No tienes por qué alarmarte, son gente que conocemos… si fuera un desconocido, no diría… además todas sabemos nuestros alcances en cuanto a físico. Eres una mujer elegante sin rebuscamientos ni alardes.
        -Nos dio una orden… no involucrarnos, si lo hacemos, dañamos el caso y la investigación se va a pique… ahorita el piojo nauseabundo ese, está quieto.  Y mientras lo esté, no vamos a buscar más líos… se pondrá furioso si nos involucramos, y será ponerlos en riesgo también a ellos.
        -Te asustas por gusto, Cruz. –dijo Marelka. –Aquí llego mi hermana dando el grito al cielo,  Y lo mismo Crismary que llego extrañamente callada, al igual que Carla Rebeca. Ya Kyle, Caryll, y Devon pusieron sus cartas sobre la mesa… y no dudo que lo haga Joe.  Ornella sabe lo que está haciendo. Ella juega con las reglas, pero no es autocrática ni tampoco impositiva…
        -Y aun no sabemos si ese piojo, es realmente piojo o es por el contrario liendre.  Y tampoco si está ligado al pasado que todas, sin excepción queremos olvidar.
        Ornella llegó, y al conocer los avances de la investigación, dijo a su gente.
        -No deploro lo que pasó… ya Horst puso sus cartas en la mesa desde que se lo comuniqué.  Necesitamos mas pistas que nos lleven a dar con él, o con ella, según sea el caso.  Cruz, sobre lo que me contaste sobre la rivalidad de Kent con el doctor Erlich, debes indagar más.
        -El se niega a hablar de eso.
        -Tienes que hacer que te hable del asunto, sospecho que tras eso hay una chica en el medio.
        -Lo intentaré, doctora, pero no le prometo conseguir algo… él es muy especial en cuanto a sus cosas.  Y no se las cuenta a todo el mundo.
        -Cálmate, yo se lo que estoy haciendo. Juego con las reglas, pero no me las salto, y bien lo sabes, necesitamos más pistas.  No te asustes, todo saldrá bien.
        Le costó lo suyo, hacer de psicóloga,  Kent no era dado a hablar de su trabajo, y menos de sus problemas dentro de él.  Tenia una bien ganada fama de amargado y negrero, pero tenia que serlo porque era jefe de residentes.
        -No eres el único que te arriesgas en esto, Kent. Yo también, aunque no confíes en la policía.
        -No soy afecto a contarle a nadie los problemas que tengo con los internos ni con mis compañeros de residencia… Nadie me los va a resolver, excepto yo.
        -Lo sé, yo también soy así y no creas que es fácil lidiar con uniformados que creen que debes estar en tu casa fregando platos, y no correteando delincuentes.   Pero, al final, no sabes si por no decirme lo de tu rivalidad con Erlich, puede que estés echándote la soga al cuello y dejando que un asesino serial se escape.
        La miró. Aquellos ojos negros lo convencían… no sabía que extraña magia tenían los ojos de Cruz María, pero por ellos, era capaz de hacer caso, él, que tenía fama de indomable.
        -Está bien, la rivalidad es por asuntos de faldas, y eso fue cuando éramos estudiantes en la escuela de medicina. Nunca soportó que tuviera más atención femenina que él. 
        -Lo imagino, todavía haces que las chicas tartamudeen cuando las miras fijamente… incluida yo, al principio, cuando fuiste a Panamá.
        -¿Lo recuerdas? –sonrió. –No puedo creerlo.
        -Como si fuera ayer, y tambien la circunstancia en que ocurrió… Wilhemina se volvió loca con ustedes.
        -Y que lo digas, para que acabara de esa manera tan triste.
        -Sí… cuéntame, ¿le quitaste la novia?
        -Si… pero esa chica no me convenia a mi tampoco… era de esas que les gusta la variedad… tú sabes.
        -Kent, todavía te enredas con ellas…
        -No, ahora me quiero enredar con una “seria” pero no quiero con ella solo un enredo… quiero algo más que eso.
        Los azules ojos del hombre brillaron… y extrañamente Cruz María sintió que sus mejillas ardían de rubor… cuando nunca se habia sentido así frente a él.
        -Kent…

        -No digas nada, las cosas saldrán por sí mismas.