Google+ Followers

lunes, 28 de octubre de 2013

Mi nombre es NEMESIS.

      



 Las tres de la mañana, las sirenas de las patrullas se oían a lo lejos, la detective Inés María Peralta había llegado con su grupo de criminalística al lote donde se encontró el cuerpo masacrado.
        -Es el tercero en el mes.
        -Inés… este caso es para ti y para tu gente.  ¿Te importaría encargarte de esto?
        -No. Ya estoy acostumbrada. ¿Hay alguien más en la lista de posibles blancos de atentados?
        -Un joven doctor puertorriqueño, que estuvo en lo de su país hace cinco años… le dice algo este nombre ¿Álvaro Gammett?
        -Sí, para mi desdicha, lo conozco. –dijo la sargento levantándose y cerrando la bolsa que contenía lo que quedaba del infortunado… estuvo en lo de Causa Justa y yo era parte de Reacción Inmediata… una causa que nada tuvo de justa, porque muchos tuvimos que dejar todo atrás y empezar de cero… como yo… en fin…
        -Ha recibido llamadas anónimas, correos amenazantes, en fin, pero nunca se han atrevido a secuestrarle… No se han podido rastrear.
        -Mañana iré a su clínica, no tengo arrugas que esconder, pero si me hará bien recordar viejos y locos tiempos.
AL DIA SIGUIENTE…
        La secretaria se sorprendió al verla, la sargento no parecía tener problemas con su rostro ni con su físico, era la típica latina considerada por los gringos, bomba sexual, pero ella lo desmentía con vestidos sobrios y de colores pasteles, que acentuaban lo que ella celosamente intentaba esconder.
        -Buenos días, señorita.
        -Muy buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?
        -Busco al doctor Álvaro Alejandro Gammett…
        -¿Tiene cita?- preguntó la chica buscando el libro de registros.
        -No, pero es una visita oficial. –dijo mostrando su cartera con la identificación de la policía. –Soy el sargento Inés María Peralta, del precinto 27, Distrito 38 Hialeah.  Necesito hacerle un par de preguntas.
        -Inmediatamente, sargento. –Dijo la chica intimidada, ante la presencia de la detective. –Espéreme aquí.
        La chica entró al consultorio, pálida, y se acerco al escritorio del hombre.
        -Doctor, lo busca el sargento Inés Peralta, del Departamento de Policía de Miami… ¿La hago pasar?
        Al escuchar el nombre de la mujer que nunca se había apartado de su pensamiento…Inés… la mujer que le salvo la vida aquella horrible noche en la Comandancia de las Fuerzas de Defensa… Cinco años… sin saber qué había sido de ella y ahora la vida… los volvía a poner frente a frente…
        -Hazla pasar… Gracias, Lilia.
        Unos instantes, después entraba la mujer que no se había ido de su pensamiento, desde aquella horrible noche… la noche en que su vida y su corazón le pertenecieron a ella, por entero… a pesar de que entre ellos nunca hubo intimidad… cinco largos años no habían borrado su rostro ni su figura de su pensamiento.  Tuvo amoríos, serios algunos, otros no tanto, pero nunca pensó en casarse con nadie, porque ese puesto solo lo ocuparía ella… ella y nadie más.
        -Ha pasado mucho tiempo… Inés.
        El que así le hablaba, era el doctor Álvaro Alejandro Gammett, cirujano puertorriqueño de unos treinta años, bronceado, buen mozo, y dueño de unos ojos ámbar cuyo mirar hacia que las muchachas bajaran la vista… la chica tenia veintisiete años, cabello castaño y ojos marrones… menuda de estatura.
        -Mucho tiempo… desde aquella noche… aquella noche en que todo lo perdí. –dijo recordando lo ocurrido luego del rescate, el incendio de la casa condenada donde muriera su familia, ante la risa de los batalloneros que la cercaban…y de los cuales se defendió a punta de balas y cuchillazos sajando gargantas y atravesando pechos de donde arrancaba corazones… la sangría que baño su uniforme gris…
        -¿Qué te trae por estos rumbos? Sospecho que no es visita social para recordar viejos tiempos, menos para retomar algo que nunca se olvidó del todo, al menos por mi parte.
        -La ola de crímenes sangrientos que se han dado en las últimas semanas… tu nombre está en la lista.
        -Lo sé, desde hace dos semanas estoy recibiendo esto. –Le mostró un sobre con varios correos electrónicos amenazantes. –La verdad, al principio lo tomé a broma, hasta que me mandaron esto. –Le mostro uno que tenia las fotos del descuartizado recién encontrado por la policía. –dice que el próximo seré yo… y hasta con lo primero que empezarán.
        Al leer aquello, Inés sintió un escalofrío… tal vez detrás de esto estaría el responsable de la muerte de su familia… aun recordaba los cadáveres achicharrados de su madre, abuelos y de sus hermanos menores… incluso de la bebé que nació hacia unos meses antes de la Invasión…
        -Tenemos que detenerlo antes de que llegue a ti. Se está pasando, y yo no voy a darle paso para que siga llenando de sangre las calles.
        La palidez del rostro de la chica, le dio a entender que algo de esas graficas tocó el corazón de la escamada policía.  Intentando aligerar la atmosfera, que se había vuelto pesada…
        -Imagino que tienes que interrogarme sobre esto… por qué no vamos a almorzar a alguna parte, y hablamos de esto. Son casi las doce, me muero de hambre.
        -No hay problemas…
        Salieron a un restaurante cercano… Inés se proponía llegar hasta el final… no era justo que mataran todos los veinte de cada mes.  Y tenía que detener al que estuviera detrás de estas muertes tan horribles y sin razón.
        -¿Desde cuándo te está pasando esto?
        -Yo tengo más de un mes en  este lio… al principio no quise darle importancia… pero al ver que varios amigos que participaron en aquello,  sufrieron “accidentes fatales” empecé a preocuparme, lo último, atrajo la atención de la policía, por fortuna.  Yo estoy preparado… recuerda que fui SEAL. –dijo mostrándole una nueve milímetros.
        -¿Tienes permiso para portar esto?
        -Sí.  Tengo también conmigo mi Kalash… por si cualquier cosa… Se cuidarme, Inés.
        -Discrepo contigo al respecto.  Yo fui de Reacción Inmediata, y no pretendo quedarme mano sobre mano, mientras ese pillo se ríe en nuestras propias narices… me temo que si halo del hilo lo suficiente, descubro quien estuvo detrás del incendio que mató a mi familia.
        -¿Qué piensas hacer?
        -Conseguir autorización judicial para poner micrófonos en los teléfonos de tu casa y de tu consultorio… rastrearemos las llamadas… No voy a darle paso, si puedo impedirlo.
        DIAS DESPUES…
        Los peritos de criminalística, colocaban los micrófonos dentro de la casa del doctor.
        -Listo, ellos ni se imaginan que los vamos a rastrear.
        -No estaría tan segura, Martell.
        -¿Por qué, sargento?
        -Porque esta gente siempre se adelanta a los acontecimientos… están quietos, saben que no nos hemos descuidado. Las calles hierven de policías…
        -Intentarán acercarse a él…
        -Es posible, si lo hacen los estaremos esperando…
        -Tengo el último informe forense… sargento. –dijo la oficial Rebeca Mansilla.
        -¿Qué hay?
        -Las huellas son de una persona que tiene problemas hepáticos serios… las huellas no se aprecian bien por las ampollas.
        -Ya es algo, Miami es grande, y no van a esconderse toda la vida… No pueden habérselos tragado la tierra.
        Durante seis semanas, no hubo avance alguno, el caso se estaba estancando, Inés se estaba desesperando, aunque Álvaro tenía excusas para ir a verla constantemente, una tarde…
        -Parece ser que tenemos una lista de posibles sospechosos, tarea de paciencia, pero creo que tenemos ya menos que buscar.
        -Vamos.
        En la computadora, fueron desfilando uno a uno todos los sospechosos…
        -No hay antecedentes…No puede ser que todos estén limpios. –dijo con frustración Inés, que sentía que el caso se le estaba escapando de las manos.
        -Con algo tenemos que dar, jefa, no se dé por vencida… usted no es así… Siempre fue una mujer que va detrás de su presa así tenga que ir al cielo y regresar.
        -Este maricón es mas resbaloso que una guabina… pero le he de atrapar,  a eso ponle la firma.
        Una patrulla que estaba en ronda nocturna, sorprendió a unos sospechosos, rondando ceca de la casa del Doctor Gammett, inmediatamente fueron conminados…
        -¡Alto, policía!
        La respuesta fue una lluvia de balas, pero las oficiales que estaban de patrulla no eran precisamente malas tiradoras, y se llevaron a uno… el otro murió achicharrado dentro del auto…
        -Qué mala suerte…
        -Por lo menos, tenemos identificados a los dos gaznápiros que vinieron a hacer su fiesta de sangre con el doc… -dijo una de las oficiales, entregándole una cartera a la sargento Peralta.
        -Luis Franco… y Alberto Pérez Yángüez.  Nadie que tenga que ver con el fantasma de mí pasado… que estoy esperando…
        -Mire esto, sargento…
        Una foto raída… era su padrastro… y ahora se daba a conocer…
        -Es el cabecilla, le llaman el “Carabalí”.
        -Llévense a la morgue esta pila de estiércol… apestan. –Dijo la chica, con gesto de desprecio a los cadáveres que se llevaban en bolsas… -Solo verlos me dan ganas de vomitar.
        -De inmediato.
        -Aun no superas eso… -dijo el Capitán Segal, que era el encargado del precinto.
        -No, la manera como murió mi familia, no me deja vivir… no olvido los gritos de mis hermanos y el llanto del bebé que recién había nacido hacia tres meses cuando aquello pasó… Tengo que cobrar las lágrimas que he derramado desde ese día, me culpo por no haber podido salvarlos cuando debí.
        -No te flageles por eso… no tenías idea de lo que iba a hacer ese tipo con tu madre y tus familiares… Tienes una carrera, amigos, y tal vez, alguien que realmente te quiere…
        -Álvaro.
        -Sí, no he hablado con él, pero estimo que debes escucharlo y darle la oportunidad de que te diga cómo andan sus sentimientos… No esperes a que sea demasiado tarde… Inés, eres una mujer bella y harías feliz a cualquier hombre… No te entierres emocionalmente… por favor.
        Álvaro, guapo, rico, con futuro, era uno de los cirujanos plásticos más prestigioso, después de los mimados de Palm Beach, que también estaban en la lista…
        -Oigo…
        -Tenemos la marca del arma que estaba entre los hierros del carro quemado… es una Beretta calibre 45, el numero es A474924
        -Arizona… fue adquirida allá…
        -Sí… Ya sé que mi padrastro está detrás de esta cosa, pero le voy a dar una sorpresa… creo que ya se quien será su próximo blanco… pero no lo voy a dejar consumar su fechoría… ha llegado el momento de convertirme en NEMESIS.
        Inés regresó a la casa, sabía que el intruso estaría por allí, y vio a Álvaro con un batín azul puesto, era lógico que estuviera así a las once de la noche… sorprendido al ver a la detective, supo que el tipo seguía rondando la casa.
        -No se ha ido…vuelve a tu habitación, yo monto guardia…
        -Inés… Puede matarte.
        -Haz lo que te digo, recuerda que allá lo que te dije, te salvo la vida…
        Y no se equivocaba… allí estaba, esperando el momento de entrar cuando se fueran las patrullas… con tan mala suerte que… al intentar ingresar, las que estaban afuera vigilando… dieron cuenta de él… se escucharon dos disparos.
        -¡Bang! ¡Bang!
        -¿Qué fue eso?
        -Iré a ver, no salgas… creo que se me adelantaron…
        Y así fue… una de las oficiales vio a un hombre intentando ingresar a la propiedad y le disparó… matándolo instantáneamente…  Le quitó el pasamontañas al cuerpo que se hallaba tendido en el suelo con dos boquetes en el pecho y abdomen. Era su padrastro.
        -Lo sabia… él no se había ido… regresó cuando creyó que todo mundo se iba… Buen trabajo, Inés, una vez más gana su intuición. Bien hecho… NEMESIS….
        Inés se sentó en el borde de la acera… sentía la boca seca y la adrenalina haciendo estragos en sus mortificados nervios…
        -Una vez más… me salvas la vida… Inés… como te pago eso… como un SEAL le paga a una heroína el salvarle… cómo.
        -Creo que el capitán Segal tiene razón… Nos debemos una oportunidad… es hora de enterrar el ayer… Hora de retomar lo que nunca pudo concluirse.
        Las patrullas se iban y la ambulancia del forense se llevaba el cadáver del terrorista…

        -Ya no podrás volver a enturbiar mi vida… estoy libre de tu presencia, fantasma. –dijo cerrando la bolsa que contenía el cadáver del asesino y regresó a la casa… regresó  a la vida… que había vuelto a conquistar.

sábado, 26 de octubre de 2013

Una mujer sin par.


Otro día en el hospital… la enfermera Gisela Figueroa, como siempre laboraba en la recepción cuando llego un hombre con muletas, quejándose de un esguince en un pie… nada extraordinario, si hubiera sido algo rutinario, pero ambos eran agentes encubiertos, que investigaba un caso de varios pacientes adinerados que habían entrado por diversas enfermedades, y habían quedado recluídos en el pabellón psiquiátrico de aquel hospital… para luego morir en circunstancias harto sospechosas…
         Unos instantes después, el hombre salió sin muletas, pero al hacerle un examen de rutina, este acabo en una lucha para someterlo… al ver que lo inyectaban, ella le preguntó a su compañera.
         -¿Qué pasó con él?
         -Nada, Gisela…el tipo está loco…
         -Pero, si él entró por un esguince de tobillo… no por problemas psiquiátricos, además no parece…
         -No te busques líos con la administración, recuerda que solo tienes dos semanas en el puesto, si te ven husmeando, te echarán sin derecho a pago.
         Gisela miró a su compañera, pero en su pensamiento, se formó una imagen. –Si supieras realmente quien soy, no estarías tan fresca como una lechuga. –pensó.
         Y averiguó quien era el hombre que se habian llevado para el pabellón de psiquiatría.
         -Vincent Cardella.
         -Me parece conocida esa cara… y su nombre también…
         -Ten cuidado, Gisela, ellos no saben quiénes somos, y en qué estamos… puede ser un peje gordo de la mafia, y si es asi, mejor ni te metas… puedes salir quemada.
         -No me parece mafioso… parece más un agente del FBI, o uno de la fiscalía de distrito que maleante pagado por la mafia.
         -Esos así, son los que más engañan…
         -Ya veremos, al salir, iré a informática o a la sección de archivo para ver si es quien afirma.
         Cuando salio del hospital, fue a la dirección de informática para averiguar quién era el misterioso loco nuevo.
         -Vincenzo Cardella Jr.  Me parece que este nombre es conocido.. tanto para los nuestros como para otros.
         -Gracias, Kimberly.
         -De nada, amiga,  ¿para qué necesitas la información?
         -Es el tercer individuo que le hacen un examen en el hospital, luego de un rato, lo declaran loco, y lo meten en una celda aislada… No me extrañaría que intentaran hacer lo mismo que hicieron con los demás…
         UN RATO DESPUES…
         -Chica, tengo noticias… el susodicho es un peje gordo.  Es agente del FBI. De las fuerzas especiales contra el crimen organizado…
         -¡Virgen santa!  Esto va a echar por tierra meses de trabajo.
         -Su jefe es Gerald Mc Pike… y no anda solo, hay como tres mas metidos en el mismo lío.
         -O sea que pueden quedar los tres metidos en problemas…y no hay suficientes de las nuestras para en caso de que las cosas se salgan de control, rescatar al que más esté en riesgo.
         -eso sin contar que estamos interfiriendo en su trabajo… Gisela, no te expongas innecesariamente.
         -No lo haré… esto ya se pasó de rosca. El tiene que saber que todos no estamos en su contra…
         -Recuerda a tus hijas…
         -No son mis hijas, son mis sobrinas… se que debo pensar en ellas, pero no me sentiría bien si dejo esto así.
         Se las arregló para entrar al pabellón psiquiátrico… Estaba sedado, estaba ojeroso, pero era sumamente apuesto… como todo ítalo descendiente… cabello muy negro, sedoso y rostro sumamente varonil y atractivo…
         -Lo sacaré de aquí, agente. –dijo –No se cómo, ni cuando, pero de que lo saco de ésta, lo saco… no todos aquí estamos en su contra…
         Y salió de la habitación del hombre… y se introdujo en el consultorio del Doctor Coleman.
         -Veremos que hay aquí, tiene que haber algo sobre él…
         Leyó el expediente, psicológicamente violento, y otras cosas nada agradables.
         -Casi esquizofrénico…¿Quién tendría interés en que lo encerraran y declararan loco? 
         Fotocopió todo, lo guardó en un sobre, y salió del consultorio… y se fue a ver a Kimberly, la encargada del archivo criminal.
         -¡Cómo te hiciste de esto!  No quiero pensar lo que hará la gente de él cuando sepa que estamos interfiriendo… Nos vas a buscar un lío.
         -Necesito localizar al jefe de éste… o no doy un céntimo por su vida, si sigue sin que le vengan a rescatar. Y nos meteremos en un problema con su gente, si no intervenimos.
         -Estuviste en el consultorio del doctor Coleman…
         -Ya se como murieron los otros… a este le piensan inyectar lo mismo… Pentotal sódico.
         -¿Estás segura? 
         -Segura como que lo vi… eso se lo ponen a los condenados a muerte…
         Su compañera en el hospital, que también era policía infiltrada, marcó el numero de la seccional del FBI en ese Estado… no podían  correr el riesgo de que muriera, y les echaran la culpa.
ESA TARDE, EN EL EDIFICIO DEL FBI.
         Jerry Mc Pike estaba inquieto, el examen médico de Vincent no aparecía, y él tampoco, solo le decían que lo tenían en aislamiento y que no se le podia visitar… por eso encontró extraño que dos policías lo visitaran en su oficina.
         -Soy la sargento Ángeles Ferrer y mi compañera es la oficial Gisela Figueroa. Tenemos algo que comunicarle sobre el agente Cardella.
         -No aparece el examen que le hicieron en el hospital… y lo tienen en aislamiento… dicen que lo que tiene es contagioso, pero no me dan más información…  
         -Una pregunta, agente Mc Pike… ¿Su compañero tiene algun problema de índole mental o emocional que usted sepa?
         -No, siempre ha sido muy centrado, un poco temerario y arriesgado, pero en este oficio, quién no lo es… ¿Por qué me pregunta eso, sargento Ferrer?
         -Estamos investigando una serie de muertes extrañas en ese hospital… gente de dinero y con recursos… han muerto extrañamente, luego de ingresar por cosas simples, como un esguince de tobillo o un malestar estomacal… y unos testamentos donde dejan todo a ese hospital… tenemos varios meses de estar tras la pista del director y de otros empleados de esa clínica…
         -El agente Cardella tiene enemigos….
         -Muchos, en esta división contra el crimen organizado, eso es lo que más se cosecha… no debería extrañarle…
         -Hay cuatro posibles blancos, entre estos su agente, inspector Mc Pike, se que esto es cosa de ustedes, pero están en nuestra jurisdicción, y es asunto de nuestra competencia… le guste o no.
         -Esta bien… ya que es vuestro caso, exijo saber quiénes son… y al menos, de que nacionalidad.
         -Yo soy norteamericana, pero tengo ascendencia venezolana… y mi contraparte es panameña en el exilio.
         Mc Pike se dio un golpe en el muslo.  El que fuera panameña en el exilio, le daba a entender que era una mujer que no era tímida para encarar un riesgo…
         -Respeto su opinión, sargento, pero preferiría que la oficial Figueroa no interviniera, son gente que no se cuida, se lanza al peligro sin importarle nada, tenemos gente de su país en el FBI, y sabemos cómo son…
         -Yo confío en Gisela, ella no es imprudente, si lo hubiera sido, jamás le hubiese confiado una operación encubierta, yo entiendo sus temores y sus aprehensiones, pero no tiene que preocuparse…
         -¿Podemos hablar a solas un momento?
         -Claro.  Te espero afuera, Gisela.
         Cuando quedaron solos Gisela le contó como hicieron para entrar en el hospital.
         -Era testigo del fiscal de distrito, lo que disparó nuestras alarmas… fue la manera como murió, sin ese testigo, el caso se cerraba, como efectivamente pasó…fue cuando determinaron que debía haber un policía encubierto… se la mala fama que tenemos, pero yo tengo a tres personas por quien desvelarme, y las que quedarían desamparadas si me pasara algo a mí.  Mis hijas.
         -¿Es usted casada?
         -Una larga historia que no tengo tiempo de contarle… si les falto, será para que queden dando tumbos por la vida, y no quiero, se lo prometí a la madre de ellas, que las cuidaría… y velaría por que no les faltara nada, por eso soy policía…
         -Tiene un enemigo, Grant Farley, era de los nuestros hasta que supimos que trabajaba para los dos lados.
         -Deme carta blanca para actuar, no le defraudaré…
         -Está bien, agente Figueroa.
AL DIA SIGUIENTE…
         Gisela entró al consultorio, afuera estaba el auto de la policía… que fue avisado por si cualquier novedad, y también gente del FBI.
         -Jamás se sabrá cómo murió Cardella… una excelente venganza… igual que los otros…pagará con su vida el haberme sacado de circulación…
         Con aquella confesión grabada, Gisela avisó a los de afuera…
         -Ya confesaron y grabé…pueden entrar.
         Mc Pike junto con efectivos policiales, entraron en la clínica con orden de allanamiento,
         -¡Esto es inaudito! –Dijo el doctor Coleman  -Los demandaré.
         -Si yo fuera usted, no estaría tan seguro, doctor. –Dijo una voz fina detrás de él, que se volvió para encontrarse con una nueve milímetros en manos de una jovencita con uniforme de enfermera –Oficial Gisela Figueroa, Distrito 35, precinto 9 , Estado de Washington. Enfrenta una acusación por homicidio múltiple.
         Mc Pike se dirigió a la habitación de Vincent… que estaba amarrado a la cama.
         -Ya era hora de que aparecieras… me consignaron como loco furioso y me pusieron camisa de fuerza… todo por una pierna lastimada.
         -Estuviste cerca de que te mataran…pero, no sé cómo lo haces, siempre logras que una linda chica se la rife por ti.
         -Una linda… No entiendo.
         -Lo sabrás después… sal, estás libre.
         Y no solo estaba libre, sino que le ajustó las cuentas al que lo encerró.
         -Ahora, Jerry me vas a explicar qué es eso de que una linda chica se la rifó por mí….
         En ese momento reparó en Gisela, que llevaba uniforme de enfermera, se había quitado la cofia.
         -Permíteme presentarte a la oficial Gisela Figueroa, policía de Washington, estaba trabajando encubierta… por ella estás vivo.
         -Pero…cómo supo que yo…
         -Estábamos en esto desde hace meses, un testigo de la fiscalía en un caso de alto perfil contra delincuentes internacionales, murió de manera extraña al ingresar a esta clínica por una cirugía menor… como el caso se vino abajo, nos avocamos a investigar… por lo menos salvamos a cuatro pacientes, incluido usted… lo iban a eliminar hoy, pero yo me metí, y no me arrepiento de haberlo hecho.
         Vincent miró a la chica,  casi veintinueve años, bonita, como todas las mujeres latinas… unos ojos negros de mirar dulce, aterciopelado, acariciante… y un rostro inocente…la verdad, ese momento bastó para quedar encadenado a esos ojos de dulce y triste mirar.
         -¿Cómo agradecerle? Le debo la vida…
         -No se preocupe, cumplía con mi deber, para eso me pagan.
         -¿La volveré a ver?  No quiero que nos despidamos así.
         Gisela pensó inmediatamente en sus hijas… ellas necesitaban un padre que las guiara, formara y educara… sola, era difícil, pero no imposible. Y la verdad, lo que la impulso fue el no querer permitir que un tipo tan interesante y atractivo tuviera un fin tan triste.
         -Estoy en el precinto nueve, distrito treinta y cinco… asignada a homicidios. Puede pasar a visitarme cuando quiera.

         -No lo olvidaré. –dijo con una abierta y sensual sonrisa que hizo temblar el corazón de la chica.  En el vacío que había sido su vida desde antes de encargarse de sus hijas, no había cabida para el amor, sin embargo ahora éste tocaba a su puerta… un rayo de luz se deslizaba en su niebla emocional… ahora podría pensar en el amor… no como en algo lejano e irreal… sino como una dulce e inefable realidad.

Cielo gris



        Todo eran carreras y gritos… la calle estaba cerrada por cintas que decía Policía… no pase… era evidente que en ese lugar había ocurrido algo sumamente importante…. Para que ese lugar estuviese tan cercado.
        -¿Está segura de que están bien?
        -Completamente, antes de que entraran las alarmas sonaron y las que estaban adentro, salieron.
        El corredor del edificio que estaba cercado por los cintillos amarillos de la fiscalía auxiliar, tenían huellas de balas y metralla… la situación fue muy seria.
        -Ahora con esto, todo lo que huela a extranjero será perseguido y eliminado.
        -¿Quién será la encargada de este asunto ahora?
        -Yanela Martínez, acuérdense de que ella fue Casco Alado… tiene fama de justiciera… y de implacable… y es de las que tira con los ojos vendados y en medio de oscuridad… por algo le dicen… La Diana Cazadora.
        -Ahora esta en Asuntos Internacionales… tiene un equipo de incondicionales que son tan guerrilleras como ella… Ella no tiene ascos para matar al que sea si es un asesino.
        Yanela llegaba en ese momento, siempre vestida de negro… nunca sonreía… siempre seria…y en el fondo de sus ojos negros una gran tristeza… como si llevara en su espalda todas las penas del mundo… desde que le mataran a su madre, abuelos y la dejaran sola en el mundo…con solo dieciocho años…
        En la actualidad, tenia veintisiete, vivía sola, no se le conocía novio ni pareja seria… siempre sola…habían rumores de lesbianismo, pero nunca fue cierto, porque una vez siendo adolescente también se enamoró… aunque nunca fue correspondida…y la verdad para ella le daba igual que existieran o no los hombres…eran un mueble mas en el mundo.
        Ese sería su primer trabajo importante, era escoltar a un importante agregado militar de la embajada…
        -¿Cómo es él?
        -Alto, rubio, ojos azules… anglosajón hasta los pies… Con esa pinta, está invitando a que lo maten y descuarticen…. Eso si ella deja que lo hagan, a más de cuatro comunistas los ha hecho ver su suerte… con una bala en la cabeza o la garganta sajada.
        -Ni ella ni su equipo le tienen miedo a nada… parece que no tuvieran corazón o si alguna vez lo tuvieron, lo que sea que les pasó, se los sacó del todo.
        Daniel Hayward  llegó esa noche al aeropuerto.
        -Las cosas no andan bien en Panamá… hay atentados a cada rato… y te pusieron una escolta, y de las buenas… ¿Te dice algo el nombre de Yanela Martínez?
        -Ya el nombrecito me da miedo… me han dicho que es una de las míticas hijas de Maryland Ainsworth… y una francotiradora temible, les ha dado dolores de cabeza a muchos de esos que andan matando gente últimamente… dos o tres aparecen con garganta sajada, y en un charco de sangre… hubo uno que se atrevió a querer violarla y le volaron el orgullo masculino de un cuchillazo. El tipo murió desangrado… y sin su orgullo…
        -Se lo merecía… no cualquiera se acerca a una mujer así, aunque dicen que tiene corazón de hielo y piedra.
        -Yo creo que se lo extrajeron de tanto sufrir… Ella perdió a su madre, a sus abuelos y a sus hermanos durante lo del veinte… por eso siempre la vas a ver vestida de negro o gris muy oscuro…me imagino que así estará la pobre chica por dentro…
        -¿Es casada?
        - No, y creo que ama demasiado su libertad… o le tiene miedo a repetir el mismo error que llevo a la muerte a su madre.
        -No la he visto, pero debe ser bella.
        -Lo es, la verdad, hijo, me gustaría alguien asi para ti… es mesurada, correcta, tranquila, nada que ver con mujeres en tecnicolor… y es el tipo de chica que sabe como encenderle la sangre a cualquier hombre.
        -Y llena de dolor y heridas por dentro…papá.
AL DIA SIGUIENTE… YANELA ESTABA REUNIDA CON SU GRUPO…
        -¿Tienen noticias?
        -Ya estamos montando seguimiento…aunque son tan escurridizos, como si tuvieran pacto con ya sabes quién…
        -Esta ciudad no es tan grande… No pueden esconderse para siempre…
        -¿Qué haremos?
        -Estar alerta y vigilar en todo momento.  Somos policías… y fuimos parte de los Cascos Alados… a esos hay que combatirlos con sus mismas armas, y no dejar ni uno solo vivo para que se ufane de que somos cobardes…
        Así pasaron tres semanas… Daniel Hayward no a había visto aún a Yanela, pero una tarde…
        -¿Yanela?
        -¿Daniel?
        A su mente volvió todo lo vivido hacia tres años…años en que hubo lucha para no ser nunca la sumisa que pago con su vida el no saber vivir sin un hombre…
        -¡Qué sorpresa! –dijo el hombre acercándosele y abrazándola tan fuerte que casi la dejo sin aire. -¿Cómo estás… qué ha sido de tu vida?
        -Bien, sobreviviendo, dentro de lo que cabe.
        -¿Tu familia?
        -No quiero hablar de eso…-dijo, con un velo de tristeza en la mirada, que le dio a entender que sus familiares habían muerto.
        -¿Murieron?
        -Si… Los asesinaron… por eso visto de luto… fue una cosa muy violenta, y no pude hacer nada por ellos.
        -Lo imagino… tenias un entorno difícil, sobre todo con un padre así, que saltaba lleno de ira y rencor a la menor tontería… Era de suponer que de salir las cosas mal, los perjudicados serían tus familiares…
        -El me desgració la vida… y por desdicha, está vivo… y creo que está detrás de estos atentados…
        -Papá dice que me cuide, a pesar de ser un SEAL, yo sé cuidarme, pero no está de más una ayuda extra… Yanela, tú y yo tenemos pendiente una conversación importante…
        Ella, que nunca se sonrojaba, que las miradas de admiración de los hombres, se estrellaban en el muro de hielo que había erigido como defensa, se sonrojó al escucharlo recordar la conversación que nunca pudieron sostener… y un lejano recuerdo volvió a su memoria…
        El fue su asignación en aquellos tiempos torturados… y ella cumplió su tarea incluso aquel día de las elecciones en que casi le cortan el orgullo masculino… y se trabo en combate con su víctima, que no era otra que la amante de su padre, y la causante de que su madre sufriera tantas humillaciones, burlas y golpes… y también la que desencadenó la sangría de aquella noche malhadada.
        -Por tu bien, Daniel… debes olvidarlo.
        -¿Por qué?  Yanela, salvaste mi vida, ¿cómo crees que un SEAL paga eso?  He vivido esperando por ti, por volver a verte, mirar tus ojos… besar tus labios… acariciar tu piel, fundir mi cuerpo entero en tu suavidad… No, no sé olvidar… y no me puedes exigir que lo haga.
        -¿Qué tengo para ofrecerte? Soy una mujer amargada, que todo lo que tenía en la vida, lo perdió… no puedo ni siquiera ofrecerte mi corazón, porque la noche que mataron a mi familia, lo perdí…
        -Déjame curar tus heridas, enseñarte que el amor no es lo que tu padre sentía por tu madre… él nunca amó a nadie, ni siquiera a sí mismo…. Amor a palos, a golpes y patadas, nunca fue amor. Y yo de eso se bastante… y no hablo de carnalidad ni erotismo, aunque eso también entra en lo que siento… hablo de amor, ese amor de verdad que solo se siente una vez en la vida… es el que siento por ti…
        Yanela tuvo que reconocer que era cierto, el reto de esos ojos azules que la miraban tiernos, ella añoraba cuando tenía sueños, ilusiones… una dulce sensación se apoderaba de ella cuando veía una pareja, pero recordaba sus tristes comienzos, y los recuerdos de golpes, insultos, ira, puños levantados, y sobre todo aquella masacre sin sentido  que convirtió su vida en un páramo desierto.
        -Lo recuerdo… Daniel, por tu bien, debes olvidarme… tu mereces una mujer sana, no el cadáver andante que soy yo… nada puede resucitarme en la vida… ni siquiera tú.
AL DIA SIGUIENTE…
        Un anuncio llegó a la embajada, los invitaban a un concierto en el emblemático teatro Nacional. Era de Viktor Zhukov, pianista ruso de fama internacional junto a la soprano Lalla Porizkova.  Tocaria varias arias de operas selectas… entre las piezas instrumentales estaría una vigorosa mazurca, Los Cosacos del Don…  Estaba programado dicho concierto para el 8 de junio.
        -Extraña coincidencia… el mismo día que Díaz Herrera contó toda la verdad.
        -Posible atentado, entonces…
        -Por lo que pueda ser, extrememos precauciones, yo no voy a dejar pasar la oportunidad de ver cara a cara a esa banda de criminales que están haciéndonos pasar dolores de cabeza… y de paso cobrar una vieja deuda.
        -O sea que iremos al teatro.
        -Si… Recordemos cómo murió el presidente Abraham Lincoln. En medio de la risa del público frente a una humorada del actor principal, eso dio pie para que el asesino actuara matando a dos personas y consumando un magnicidio…
        -Eso ocurrió hace un siglo.  No creo que en esta época tan ilustrada pase algo así…
        -No deja de tener vigencia, estos “monos” no saben ser originales, ni para conquistar a una mujer sirven-
        -A John Wilkes Booth le salió todo bien, no había suficiente seguridad, ni gente entrenada para esto… No cometeremos los mismos errores… esta vez, lo estaremos esperando… ¿Quién de ustedes ha escuchado una mazurca?
        -Es una pieza de ritmo vivo, popular en  Rusia y en los pueblos eslavos…
        -Posiblemente aprovechen el momento más movido de la música para enmascarar los disparos… y matar al embajador y a su hijo… y no voy a dejar que suceda…
        -Imitar algo que paso hace casi doscientos años… tienen que estar muy faltos de imaginación o muy desesperados…
        -Si mi intuición no falla, salvaremos muchas vidas… a trabajar. Esta noche saldremos de caza, chicas.
        ESA NOCHE… EL TEATRO NACIONAL, TESTIGO DE TANTAS OBRAS DE TEATRO Y MUSICALES, ASI COMO CONCIERTOS DE MUSICA CLASICA, DE LA TEMPORADA DE CONCIERTOS DE LA ASOCIACION NACIONAL… SE VISTIO DE GALA PARA LA PRESENTACION FINAL QUE CERRABA LA TEMPORADA…
        -¿Todos en sus posiciones?
        -Todos en su puesto, sin novedad 10-4.
        -No hay novedad acá tampoco… esto está demasiado tranquilo para mi gusto.
        Unos minutos después… el radio Motorola que llevaba Yanela en la cintura, empezó a pitar.
        -Aquí Águila líder.
        -Movimiento en la puerta trasera, que da a la calle de la Catedral Metropolitana… llegó un nuevo músico que no pertenece a la orquesta que vino con el pianista… creo que es el que estábamos esperando.
        -Alerta al resto de las unidades…
        La tercera pieza era la Mazurca esperada por las chicas… todos estaban en sus puestos, preparados… y Yanela apareció en el palco donde estaba el embajador y su hijo.
        -Problemas… el tipo está aquí… No te apures, actúa natural… de llevármelo en los cachos, me encargo yo.
        -Yanela…
        -He madurado esto día tras día… desde que mis seres queridos murieron bajo los machetazos de ese desalmado… me debe la vida de mi mamá, de mis abuelos y la de mis hermanos… y la voy a cobrar con cada gota de sangre que le saque a ese desgraciado…
        En ese momento, se escucharon disparos y gritos… eran los secuaces del tipo… la gente empezó a salir despavorida del teatro… y afuera la gente de Yanela estaba batiéndose a tiros con los terroristas.
        -Daniel, quédate aquí conmigo… igual usted, Su Excelencia… -Yanela sacó su revólver nueve milímetros… preparada para usarla en el momento que lo requiriera. Un hombre apareció detrás de una cortina, y apuntó hacia ellos, pero Yanela fue más rápida…
        -¡Bang! ¡Bang!
        Un cuerpo se descolgó en el palco frente a donde estaban ellos y cayo al vacío… Otro hombre disparó, dándole en un hombro a Daniel.
        -¡Ah!- exclamó al sentirse herido.
        -Daniel…
        -No te preocupes por mí. –dijo el muchacho, intensamente pálido y sangrando profusamente por el hombro… Ve por él… creo que se trata de quien buscas. No lo dejes escapar…
        -Está bien…
        Lo dejó en manos de una de sus chicas, y se fue tras el terrorista, hasta alcanzarlo justo frente al antiguo Club de Clases y tropas.  Este le disparó a la chica…
        -Huir no resuelve nada, papá… entrégate a la justicia… No quiero matarte, pero lo haré si me obligas… Me odias porque te recuerdo tus fracasos, tu incapacidad para querer a nadie… asesinaste a una mujer buena que siempre se tragó tu falso amor y tus mentiras… y a dos inocentes niños cuya única falta fue que los trajeras a este mundo a pasar trabajo y fueron tus chivos expiatorios… y a dos ancianos indefensos, convirtiéndome en un robot sin alma… No hagas esto más difícil para los dos… entrégate…
        La respuesta fue una andanada de disparos… pero cuando el arma de Yanela se descargó, este se arrojo contra ella con un filoso cuchillo dispuesto a encajárselo a la chica en el cuerpo… esta sabia luchar, cuando sintió una detonación que lo hizo soltar el cuchillo y caer sobre ella…
        -¡Por todos los santos qué…! –fue cuando vio a Daniel, que con su hombro herido y sangrante, habia tomado un revolver y disparado al terrorista en la nuca…
        -¿Te encuentras bien? –Le preguntó el muchacho, y detrás, apareció su padre, con una Luger de los tiempos de la Marina… el tambien le habia disparado al hombre…
        -Estoy bien, gracias, Su Excelencia. Dan, necesitas que te vea un médico.
        -No iba a permitir que le arrebatara la vida a la única mujer por la cual daría hasta lo que no tengo, por verla sonreír, una sola vez en la vida.
        Llegaron las ambulancias… Daniel en una camilla tuvo fuerzas para sonreir coquetamente a Yanela, que  lo miraba.
        -No tenias que hacer eso… estabas herido… ¿Qué pretendías, buscarte la muerte?
        -No podía dejar que acabara con la vida de la mujer que amo… sin hacer algo al respecto.
        -Daniel… yo…
        -Ya hablaremos, Yanela… he de convencerte de que te cases conmigo, aunque me tome la vida entera hacerlo…
        Al ver partir la ambulancia, una de las chicas se acercó.
        -Me temo que tendrán mucho de qué hablar…
        -Es terco, necio, pero… tiene razón.
        -Este es el principio de una mejor vida para ti… creo que en tu cielo gris, acaba de salir el sol.

        Yanela se dirigió al interior del teatro… y miró nuevamente hacia el malecón… Una luna llena, luna llena de  Noviembre… una luna llena de promesas…