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domingo, 31 de agosto de 2014

NO ME DEJES OLVIDAR VII PARTE

CAMBIO DE GUARDIA EN EL PRECINTO…
        Cruz estaba triste, los últimos acontecimientos la habian preocupado mucho,  aquella mujer estaba atacando a los blancos mas vulnerables y desprotegidos, entre esos Kent.  Temia que lo mataran, ya tenia una cicatriz precisamente por eso, no podia evitar ser como era.
        Le sorprendió mucho ver un lujoso VOLVO azul marino en el estacionamiento.  Aquel auto no era otro que el del senador Carlyle.
        Foster Carlyle era sumamente apuesto, un tanto mas joven que el doctor Lancaster, pero de un atractivo peligroso, que le daba el ser un hombre casado. Casado con Camel Windshield una rica heredera que lo llevo al éxito político que ahora tenia. Era el senador mas joven en la historia del Senado norteamericano. 
        —Cruz Quirós, no puedo creer mi buena suerte —. Dijo por todo saludo, ante la sorprendida chica.
        —Ha pasado mucho tiempo —.  Intentó permanecer tranquila. — ¿Cómo estás?
        —No tan bien, antes de verte. Estás bellísima — se acercó para verla mas de cerca. Era un hombre seguro de sus atractivos, de sonrisa sexy que enamoraba a cualquier muchacha ingenua. Ya Cruz no era esa chica,  lo del veinte de diciembre la marcó profundamente.
        —¿Cómo está tu esposa?
        —Debe estar bien, en París, con el amante de turno —. Repuso con acento amargo —Sabes que nuestro matrimonio era solo de conveniencia, con momentos de pasión y erotismo en medio.
        —Podias haber terminado con eso, si tan mal te sentías. —respondió, incómoda por el giro que tomaba la conversación —No sé, que estás haciendo aquí, cuando en Panamá dejé bien claras las cosas entre nosotros.  Eres un hombre casado, respeta a tu mujer, aunque ella no sea igual contigo, respétate como hombre y senador, y por ultimo, respétame a mí, no arruines una carrera que me ha costado años levantar.
        —¿Me echas?
        —Sí.  Ya no soy la chiquilla ilusionada que solo vivía por una mirada o sonrisa tuya, en aquellos tiempos.  Ya tengo veintiséis años, una carrera en alza, y tal vez, si tomo la decisión correcta, una familia y un hombre que me ame de verdad, sin secretos en medio de los dos.
        —Cruz, por favor, escuchame.
        —No tengo nada que escuchar, Foster. Ya hiciste tu vida, déjame hacer la mía. Por mi parte, esta conversación termino hace mas de cinco años.  Déjame tranquila.
        Y lo dejo en el patio de patrullas, sin saber que Kent Lancaster presenció todo desde su auto.
        —Con que tú, eres mi rival en el corazón de Cruz María. Y para acabar de completar, eres casado. —se dijo —Bien, te la voy a pelear. Ella es mía, y va a ser mía para siempre.
        Kent apretó el puño, ahora la admiraba más, por ser una mujer digna que no aceptaba ser relajo ni segunda opción de nadie. Ni siquiera de un político famoso.
        Al verla salir, enfilo su auto hacia la acera donde estaba ella.  Habia llegado a buscarla.
        —Hola, princesa. — aparentó tranquilidad, aunque el corazón le ardía de celos.
        —Hola, pensé que no vendrías a buscarme después de lo de tu hermano. — y lo besa en la mejilla.  El tacto de los labios de la chica en su rostro lo hace estremecer, pero disimula.
        —Tengo un par de minutos esperándote.
        —Creo que te debo una explicación —dijo la chica sonrojándose al recordar la conversación pasada —El hombre que viste es el senador Foster Carlisle. Lo escolte cuando comenzaba la cosa en Panamá.  Intento que tuviéramos un amorío, pero no lo permití. Es un hombre casado, con una mujer rica, que puede fastidiarme mucho la vida si le da la gana.  No tengo tiempo ni ganas de pasar por algo asi.
        —Se parece mucho a mí.
        —Físicamente, sí.  Interiormente, lo dudo. —añadió con convicción. —El inicio trabajando como valet parking en un spa de lujo donde iban los ricos y famosos, alli le conoció la esposa, se encapricho con él, lo hizo su amante, cuando los padres descubrieron aquello intentaron comprarlo para que se alejara de la chica, pero ella hábilmente adujo que estaba encinta, y logró casarse con él.
        —¿Cómo sabes esa historia?
        —Maryland, ella investigaba al admirador cuando se enteraba que alguna de nuestras asignaciones se sentia atraída por nosotras, en este caso, yo.  Y lo que descubrió no le gustó nada.
        —Es muy protectora con ustedes.
        —Lo es, en efecto —prosiguió —, luego de casarse con él fingió caerse de un caballo para hábilmente perder al bebé. Desde ese momento, él ascendió mucho en la política, volvió a la Universidad, se graduó de abogado, todo esto a expensas de la plata de la esposa.  Ahora, es uno de los senadores mas jóvenes del Estado y se rumora que posiblemente se postule para la Presidencia.
        —No te atrae nada ese mundo.
        —No, él es una marioneta en manos de su familia política y de su mujer, ese es un matrimonio de apariencias, no hay sentimientos, cada uno anda por su lado, haciendo su vida. —repuso con amargura y desdén —No es mi idea de un hogar, de una pareja, menos mal que no han tenido hijos, los niños sufrirían mucho con ellos.  Y las cosas materiales no compensan el abandono y la falta de atención.
        —¿Has pensado en lo que te propuse?
        —Lo he pensado. Ya Crismary arregló lo suyo, solo faltamos nosotros. No pienso esperar que esa loca vuelva a atacar para tener una respuesta. —Respondió con angustia en la voz —Deberás tenerme paciencia, no tuve novios, ni amantes, soy una libreta en blanco, se que a muchos no les gusta enseñar a nadie a amar.
        —No te exijo experiencia, Cruz. —levantó la barbilla de la chica con ternura. —Es hermoso saber que la mujer que amas, será única y exclusivamente tuya, sin huellas de caricias extrañas ni de besos prohibidos y fingidos,  una mujer para ti solo, en cuyo cuerpo solo estarán tus besos y tus caricias.
        Esos ojos azules, acerados, como los de Kyle, la miraban apasionados. Cruz tembló interiormente al imaginar una situación de total intimidad con él. Como besaría, como acariciaría… como…
        —No te arrepentirás de haberme aceptado, Cruz, voy a hacerte tan feliz, que no tendrás tiempo de pensar en tantas tristezas que has tenido en tu vida.
        Llegaron a la residencia universitaria donde la chica vivía con su hermana Crismary y el resto de las compañeras del precinto.
        —Aquí me quedo. Gracias por traerme.
        Kent la atajó suavemente por un brazo, acercándola a su pecho.  Cruz lo miró sorprendida, por un momento no pudo hablar de la sorpresa.
        —Espera, ¿te despides así de mí? — su voz sonó sensual, seductoramente ronca y grave a sus oídos.
        —Kent, yo…
        No pudo seguir hablando, él le cerró la boca con la suya en un beso largo, apasionado, se extralimitó al besarla. Y ella no pudo casi responderle, no sabía como.
        —No sabes besar — suspiró cuando separó sus labios de los de la chica, —no es problema, te enseño a hacerlo.
        Y volvió a besarla, esta vez con suavidad, ternura y cariño, apretándola en sus brazos.  Cruz le rodeo suavemente el cuello con los brazos y dejo que se extralimitase todo lo que quisiera.
        En una vieja galera, Ariane, estaba ardiendo en fiebre, los golpes recibidos en la huida del departamento de Kyle, la habian dejado con múltiples escoriaciones y hasta una torcedura de tobillo que le incapacitaría por buen rato. Y la rabia que la consumía, tenia días que no dejaba su huella de terror, sangre y dolor por las calles de la ciudad, todo esto por cinco mujerzuelas entrometidas que con un cuchillo y un revolver la pusieron a raya las tres últimas ocasiones que lo intentó.
        —Aun no se pronuncia la última palabra, volveré y voy a hacerles pagar con sangre todo lo que me han hecho…

        Lo que no se imaginaba era que con ese juramento firmaría su sentencia de muerte, a manos de alguna de ellas.

domingo, 10 de agosto de 2014

NO ME DEJES OLVIDAR VI PARTE...

        Su mirada no era fría, como la del invulnerable jefe SWAT, de la ciudad de Boston, era la de un hombre apasionadamente enamorado.
        —Kyle, deberás tenerme mucha paciencia. –Respondió la chica a aquella propuesta apasionada — No soy experta, nunca tuve un novio, no sabría que hacer contigo.
        El hombre la apretó más en sus brazos, obligándola casi a recostarse en su cuerpo.
        —No estoy exigiéndote experiencia. — Dijo con firmeza —Lo que quiero de ti es una entrega total, confianza ciega, y un amor que se que me puedes dar.  —La miró con aquellos ojos entornados que la hacían temblar interiormente — Admítelo, tu me quieres.
        Era cierto, le quería,  Más cuando compartieron tantas misiones peligrosas, ella como operadora de radio y escolta cuando las cosas se ponían difíciles para él y él como coordinador y jefe.  Casarse con él, significaría tarjeta verde asegurada de por vida, estudios y sobre todo el corazón de un hombre que más de cuatro mujeres querrían para sí.
        —No puedo seguir callando. — repuso la chica con angustia — Sí, te quiero. 
        Kyle la apretó más.  Se había enamorado de ella desde la primera vez que la vio cuando le dijeron que tendría su propia frecuencia de radio.
        —No te vas arrepentir de haberme aceptado. Voy a hacerte tan feliz, que no tendrás tiempo de sentirte triste.
        Crismary alzo el rostro para recibir un beso tierno y apasionado.
        —No tendrás queja de mi. Con tu amor olvidaré todo lo malo que he tenido en mi vida.
        No se habían dado cuenta que una sombra siniestra estaba mirándolos entre los arbustos. Era Ariane Papandreou.
        —Disfruta tu victoria, querida. — Apuntó cruel — Pronto llorarás lágrimas de sangre al ver a tu amorcito privado de su atributo más importante…
        Se equivocaba, porque cerca de allí estaba Dácil, que pese a su mejilla marcada por la misma navaja que llevaba ella, estaba dispuesta a volver a interponerse entre ella y cualquiera de los hermanos Lancaster.
        —Si estas pensando acercarte a Vance otra vez, será la última, esta vez, te atrapo o te mueres.  Y si es por mis compañeras, lo mismo será. 
        La sombra se alejo, tan furtivamente como llegó.  Dejándolos alli. 
ESA NOCHE…
        Crismary no podia dormir, seguía dándole vueltas en la cabeza lo que le habia propuesto Kyle. Y recordaba lo que habia visto en la oscuridad.  Cada vez que querían atraparla, esta acababa atacando a uno de ellos, como si jugara al gato y al ratón.
        Se levantó de la cama y se dirigió al balcón, fue entonces cuando se dio cuenta que algo andaba mal. Presintiendo peligro para el hombre que amaba, se vistió y tomando su revolver calibre veintidós, bajo por el ascensor hasta el estacionamiento.
        Sin decir palabra, se metió en su auto y condujo hasta el edificio de departamentos donde vivía Kyle.  En apariencia todo estaba normal, pero ella sabia que no era así.
        Subio por las escaleras de emergencia y se lanzo al balcón, en una agil pirueta, recuerdo de su entrenamiento en Isla Naos, fue entonces cuando la vio.  Y Kyle, indefenso intentando taparse y proteger su masculinidad.
        En el preciso momento que ella levantó el cuchillo, sintió que la chica se puso detrás de ella y le desvió el cuchillo, cortándola en el antebrazo. Pese al dolor de la herida, Crismary la empujó con todas sus fuerzas hacia el balcón.
        —Ariane Papandreou o debo decir… Rebecca Langdon…
        Viéndose descubierta, intentó luchar con Crismary, que a pesar de tener un brazo inmovilizado por la herida en el antebrazo, le estaba dando dura pelea, hizo lo único que le quedaba, escapar, descolgándose por el balcón.
        — ¡Se tiró! — exclamó Crismary que presurosa se acercó al balcón para mirar hacia abajo, pero no vio ningún cuerpo destrozado, ni sangre, nada.  Como si al arrojarse, se hubiera convertido en humo.
        Regresó a la habitación donde estaba Kyle aun desnudo, reponiéndose de la impresión, por fortuna, no llegó a herirle.
        — ¿Se encuentra bien, comandante? —preguntó Crismary al acercarse.
        —No me hirió, gracias a Dios — respondió —La que necesita que la vea un médico eres tú. — veía la sangre que escurría de la herida del antebrazo, y la palidez del rostro de Crismary. —Voy por una toalla, para hacerte un torniquete y que pares de sangrar.
        Y lo hizo, pese a su desnudez, la cual cubrió con un batín azul marino que lo hacía verse peligroso y  sexy. Le vendó el brazo con la toalla, apretándola lo suficiente para que impidiese que sangrara más.
        — ¿Mejor? — dijo con preocupación, mirando el rostro pálido de Crismary.
        —Sí, gracias.
        Kyle llamó al 911 y al precinto para que viniera una patrulla y una ambulancia para que revisaran a Crismary. Se sentó a su lado y la abrazó, estaba temblando, por el terror, el dolor de la sajada que tenía en el brazo, de frío.  La beso en ambas mejillas.
        —Ya, tranquila. —Murmuró suavemente — Todo está bien, ya pasó todo. —sintiéndola temblar en sus brazos, pensó en lo hermoso que sería sentirla así, pero en una cama, desnudos, el dentro de su cuerpo y haciéndola suspirar y gemir de placer, deseo y cariño.
        Así los encontró la doctora Robles, cuando llegó con la ambulancia y la patrulla.  Con ella iba el doctor Horst.
        —Dime lo que ocurrió aquí.
        —Yo estaba dándome un regaderazo para retirarme a dormir cuando me di cuenta que algo andaba mal,  la mujer que andan buscando intentó atacarme para hacerme la misma fiesta que le hicieron a los otros, yo me defendí, me tenía ya acorralado cuando apareció ella —señaló a la herida Crismary. —se le fue por la espalda y le doblo el brazo, desviando el cuchillo,  con tan mala pata que le hirió el antebrazo, pero aun así ella peleó y hubiera logrado atraparla de no ser porque es más ágil que un mono, se arrojo del balcón, creímos que se había matado, pero ni rastro del cuerpo ni de sangre.
        —Escaparse otra vez, pareciera que tenemos mala puntería o ella está jugando al gato y al ratón. 
        —Serénate, Ornella,  ella se metió a mi casa, pero sabes que no soy manco, tengo armas y se usarlas.
        —No lo dudo, Horst.  —Levantó la cara para mirar a su interlocutor, añadiendo —Temo por las chicas, se están arriesgando demasiado y un día de estos capaz me mata a una de ellas.
        —Yo tendré que replantearme lo de Crismary, después de lo de hoy. — Apuntó preocupado —No quiero que por andar de lento, esa mujer acabe matando a uno de los dos.
        Crismary estaba recibiendo las primeras curaciones, la herida estaba muy fea y todavía manaba abundante sangre.
        —Tendremos que darte puntos, no fue grave, pero si lo suficientemente profunda para debilitarte — diagnosticó Devon que le toco ir en la ambulancia de emergencias. —Eres una valiente, enfrentarse con ella y salir solo con una cortada, solo es cosa de Dácil y ahora tú.
        Kyle se acercó a la camilla, vestía un pantalón color arena y un suéter polo blanco con el emblema del departamento de policía.
        — ¿Cómo te sientes?
        —Mejor, todavía sangra pero ya no tanto.  Van a suturarme y me pondrán una transfusión para reemplazar la que se perdió. 
        —Te acompañaré y me quedare a cuidarte –afirmó con decisión  —Es lo que haría un policía con su novia. ¿Soy tu novio, sí o no?
        Crismary al escucharlo no pudo decir nada.  Novios, en su mente apareció la propuesta que le hizo hacia un par de semanas, sí.  Eran novios, aunque ella no le hubiese dicho que si.  Y probablemente, después de este atentado, le propondría que se casaran.
        EN EL HOSPITAL…
        Kyle se quedo en la sala de espera, parecía más un marido preocupado por su mujer que un novio.  Vance llego unos minutos después con Dácil.
        —Vine en cuanto me comunicaron lo que pasó. ¿Cómo se metió esa, en tu casa si tienes hasta más sistemas de alarmas que yo?
        —Entro por la escalera de emergencia, es un mono desafiando las alturas, ni yo que soy marine entrenado hago algo así en un edificio tan alto a riesgo de darme un buen tortazo.
        —Imagino que te pilló en la ducha y sin ropa. —Movió la cabeza en señal de negación —Y cuando creías que todo estaba perdido, aparece Crismary, intenta quitarle el arma y la hieren en un brazo.
        —Así fue, ella intentó echarla abajo en el balcón, pero ella se tiró, solo que cuando fuimos a ver donde estaba, ni sombra de ella.
        —Es una guabina, como te lo dije. — Apuntó Dácil —Y apuesto a que cayó en una piscina, si sabe nadar sale antes de que la busquen.
        —Dejé vigilancia en tu edificio, nadie sale sin ser visto por el blindado que deje afuera. Ya esta bueno de que esa perra nos vea cara de tontos.
        —Nosotras ya coordinamos estrategia, vamos a darle caza.
        Kyle miró hacia la sala de curaciones, de donde salía la camilla con Crismary que llevaba una transfusión y el antebrazo herido con vendas.
        —Pasara la noche aquí, después de esta viene otra. Mañana podrá llevarse a su novia a casa, comandante.
        Dacil lo miró sin entender. ¿Novia?  Algo raro estaba pasando, Vance se sorprendió y se lo hizo saber.
        — ¿Qué es eso de que Crismary es tu novia?
        —Ya le manifesté mis sentimientos, quedo de darme una respuesta, pero con esto, todo se adelanta.  No estoy dispuesto a perderla en manos de esa delincuente.  Cuando despierte le diré que no puedo esperar esa respuesta.
        —Y si se asusta, Kyle, hermano, se lo intenso que eres cuando andas enamorado,  ella no es experimentada como las que has tratado, no se parece a tu ex novia. Si la asustas, saldrá corriendo.
        —No creo que lo haga, hermano, ella me quiere, aunque le cueste soltarse y ser la intensa que deseo que sea.  Aceptará.
        Crismary despertó después de la curación, con la transfusión colocada y el antebrazo vendado.  A su lado, dormía Kyle.   Lo contempló, parecía un niño fatigado, pese a que era un hombre apasionado, todavía el beso que le dio le ardía en la boca.
        Acarició su cabello con la mano que no tenía herida. Se sentía sedoso y suave al tacto.
        —No puedo mentirme más.  Yo amo a este hombre, aunque su tamaño me da miedo.  Aquella lo dejo como un zombie, pero yo lo resucitaré para mí. No importa lo que me cueste resucitarle.
        Kyle se despertó al sentir el tacto de las manos de Crismary. Aquellos ojazos azules la miraron con ternura.
        —Hola, mi amor. — Su voz aunque ronca, era tierna y dulce — ¿Cómo te sientes?
        —Acabo de despertar.  Me duele un poco el brazo, pero fuera de eso, nada más. 
        —Tienes que quedarte esta noche para que te recuperes del todo.  Yo estoy aquí desde que paso el incidente.
        —Lo que me dijiste de que eras mí… novio, ¿es cierto?
        —Si, es cierto, no estoy dispuesto a perder a la única mujer que me demostró que las tecnicolor no son las únicas mujeres en el Estado, que hay otro tipo de mujer por la que soy capaz de darlo todo, que no soportaría verla sufrir.
        —Tu ex mujer te dejo siendo un cadáver, temo que lo que siento no logre resucitarte.
        —No lo sabrás si no lo intentas, inténtalo, solo así sabrás si puedes recuperarme o no.
        —Esta bien, sí. Lucharé todo lo que tenga que luchar para hacer que vuelvas a ser el de antes. 
        Kyle se acercó, se inclinó para besar en los labios a Crismary.  No volvería a sentirse solo, lucharía para dejarle solo recuerdos felices y llenos de amor.
        AL SALIR DEL HOSPITAL…
        Vance iba pensativo, esta mujer iba en serio, iba por su hermano y por Kent, los quería despedazados a los tres. No contenta con eso, tambien iba por Devon, Caryll, Horst, Karim, Joe, Glenn Andrew, nadie iba a estar seguro y a salvo.  Y dependían de ocho guerrilleras que no vacilarían en cortarle el camino a aquella loca que andaba con un cuchillo sedienta de sangre.
        —¿Estás pensando lo mismo que yo, verdad?
        La fina voz de Dácil lo sacó de sus cavilaciones, la miró.  En su mejilla derecha estaba la marca que se ganó al intentar detenerla y que lo hiriese gravemente.
        —No voy a esconderte lo que pienso. Temo que lastime nuevamente a cualquiera de ustedes.  Incluso a ti.
        —Se ha burlado bonitamente de todos, ahora solo falta que vaya detrás de los que no ha tocado. Devon, Caryll, Joe y Glenn.
        —Por lo mismo. Kyle ya decidió lo que va a hacer con Crismary.  Se unen a nosotros.
        —Por cierto, aquí tienes lo que me pediste —sacó un sobre de la cartera y se lo entrega —Son los papeles que me pediste que fuera a tramitar al consulado. Ayer me mandaron el certificado de nacimiento autenticado y el certificado de soltería. Y los exámenes que me pediste que me hiciera.
        —Perfecto, mañana busco la licencia matrimonial y le adjunto estos documentos para llevarlos al juzgado y nos den fecha para casarnos.  Pronto serás la señora Lancaster.
        Dácil lo miró, aquellos ojos verdes tan parecidos a los ojos de Logan Rainwood, solo que este no era el multimillonario petrolero, avido de poder tanto como de placer. Esta era la mirada de un policía de carrera, honesto, pundonoroso, un hombre enamorado, que no la haría llorar nunca más.
        —Seguramente, en esos trajines se pondrá Kyle. A tu hermano menor le dará envidia verlos.
        —Espero que se anime a decirle algo a Cruz María, ella también
 ha arriesgado mucho en este asunto, lo de ellos esta latente desde lo de Panamá.
        —Si Crismary y yo somos tímidas en cuanto a cosas de amor, ella es peor.  No se si será por lo ocurrido con sus padres o algo más, pero siempre sale por la otra puerta cuando le hablan de amores, tu hermano tendrá que usar todo su poder de convencimiento para que ella le diga que sí.
        Al llegar a la sala donde estaba Crismary, Kent le preguntó a su hermano si era cierto que eran novios.
        —No te lo voy a ocultar. Lo decidi en el momento que ella se metió a pelear con la loca esa para salvarme. Crismary es una buena mujer, ya no somos chicos para andar picando flores aquí y allá.
        —Entonces, es un hecho, te casas con Crismary Quirós. Bueno, me tocará hacer lo propio con su hermana.  Antes de que la ataquen y la maten.

        —Hazlo, desde que la conociste en Panamá, te mueres por ella, no has tenido una sola relación de pareja desde que salimos de allá.  No sigas negando lo que es tan evidente.  Endereza tu vida, que buena falta te hace.

jueves, 3 de julio de 2014

NO ME DEJES OLVIDAR. PARTE V

—Marelka, tienes idea de lo que me acabas de decir.
        —Perdón, no debí decirle eso.  Usted no tiene nada que ver con lo que me haya pasado a mí en otro tiempo y en otro lugar.
        —Marelka, no huyas de mí, no sin antes decirme, la verdad de tus sentimientos hacia mí. —Acercándose a ella le levantó el mentón y mirándola a los ojos, dijo —Tus ojos no saben mentir, tú me amas.
        Marelka lo miró, y se vio reflejada en aquellos ojos profundos, no podía mentirle,  había perdido a Alex, en ese tiroteo aquel aciago veinte de diciembre. Y no podía permitir el perderlo a él también.
        —Marelka, yo estoy solo, y por lo que veo, tú también, porque no unir nuestras soledades y apoyarnos.
        Marelka sintió acelerar su corazón con aquella propuesta apasionada. Desde la muerte de Alexander, no volvió a sentir aquella emoción por las palabras de un hombre.  Era precisamente Joe Kane quien hacia el milagro de que tuviese nuevamente fe en la vida.
        —Joe, tengo que pensarlo.  No puedo hacer cosas a la ligera. 
        —Tenemos ya buen rato de estar saliendo, por las razones que fueran. —replicó, jugándoselas todas en ese momento — Me salvaste la vida, eso para mí significa mucho. No es fácil para mí, encontrarme que lucho por el amor de mi vida con quien ni siquiera está vivo para pelearla… peleo con el recuerdo de un hombre no con un rival. No pienso salir perdiendo.
        Marelka pensó, después de la muerte de Alex, ella intentó renunciar al mundo, tomando los hábitos. Solo que sus compañeras jamás la dejaron hacer lo que pensaba.  Ahora, la vida le ponía frente a un hombre físicamente idéntico a Alex, solo que más determinante y apasionado… que no aceptaría un no, por respuesta.
        —Solos, nos vencerán. Juntos, se le complica la cosa a esa criminal. No me pongas en manos de ella en bandeja, sabes lo que hará si me dejas.
        Tomó una decisión. Para bien o para mal, la amaba, ya Alex estaba en un lugar mejor que el suyo, ella estaba viva, pese a que le doliera estarlo.  Debía darse una segunda oportunidad para rehacer esa vida que aquel 20 de diciembre destruyó.
        —No soy perfecta, pero creo que merecemos una oportunidad para enderezar todo lo que se torció, en mi caso, la vida que el veinte de diciembre se me destrozó.  Solo que esta vez, estaré preparada para defender lo que aquella noche me arrebataron sin piedad.
        Joe la abrazó apenas escuchó que le aceptaba. Marelka al sentir el aroma del cuero de su chaqueta deportiva, mezclado con su aroma natural y el de su colonia, se sintió protegida. Unidos, enfrentarían todo lo que se presentara.
        Entretanto, el doctor Deauville, esperaba con paciencia a Atenas. Desde el concierto que dieron en la embajada de Kazajistán, donde vio por primera vez a su rival, el gobernante de aquel país, no habían vuelto a hablar. Esta vez, lograría convencer a la esquiva Atenas.
        No sospechaba que desde una esquina, una figura embozada en un jacket con capucha observaba con expresión de odio y furia. Era Ariane Papandreou.
        Nadie sospechaba que Ariane era paciente psiquiátrica hacía mucho tiempo, casi desde su adolescencia, por problemas de esquizofrenia, debido a un cuadro de abusos tanto sexuales como físicos en su niñez.  Lo que menos pensaba era que muy pronto se enfrentaría a cinco mujeres, con iguales carencias y cicatrices emocionales.
        Atenas salió del precinto, se había cambiado de uniforme, lucía un par de vaqueros con zapatillas azules y suéter polo caqui con el logo del Departamento de Policía. Y vio la alta talla del egipcio.
        —¿Demoré mucho, doctor?
        —No, aunque me preguntaba si no te habían retenido con algun papeleo de última hora, siempre pasa.
        Atenas miró alrededor y vio la figura fantasmal. El escalofrío que sintió, le dio a entender que la mujer que tenia a todos en jaque, estaba demasiado cerca.
        —Salgamos de aquí — dijo, aparentando tranquilidad, aunque interiormente no la sintiera.  Un nuevo ataque se planeaba, pero antes de que llegara a Karim, tendría primero que enfrentarla. Y no iba a venderse barata.
        Subió al auto, junto con el egipcio, no sin antes enviar un mensaje de whatsapp a sus compañeras.  Sola no se enfrentaría a ella.
        Al salir a la carretera, una moto se les fue detrás. Karim se dio cuenta inmediatamente.
        —Tenemos compañía.
        —Parece que la estamos volviendo loca — observó Atenas — Ya le hemos arrebatado dos de las fauces, y no pienso quedarme mano sobre mano mientras te convierte en fricasé.
        La moto aceleraba y sintió que empezaban a dispararle. Karim, que fue marine también, aceleró para distanciarse, pero ella no daba tregua.
        —Ya me colmó la paciencia — dijo Atenas, sacando una pequeña pistola calibre 25, arma que no solo era usada por el crimen organizado.  Era también parte del equipo de pelea de las chicas antiterrorismo, que comandaba Crismary, la preferida del comandante Acero Lancaster.
        —¿Qué vas a hacer? —preguntó Karim espantado al ver como Atenas abría la ventana del auto y se sentaba en el borde de la puerta, después de ponerle el seguro.
        —Voy a hacer que se salga del camino.  No te preocupes, ya lo he hecho antes.
        Atenas hizo lo que acostumbraba, cuadró puntería y dirigió su objetivo a las ruedas de la moto. Y disparó, haciéndola derrapar y quedar sembrada en una cuneta. Las patrullas quedaron atrás, donde la motocicleta cayó.  La chica volvió a sentarse en el asiento al lado del conductor y cerro el vidrio de la ventana.
        —Ahora si nos van a dejar tranquilos. — dijo mirándolo. —Sabia que intentaría acercarse, solo que no contó con que le saldría la bruja.
        —Así es, me quedé espantado cuando te vi sentada en esa puerta. — y mirando a través del retrovisor –Creo que de este vuelco no se salvó.
        —Mis compañeras deben estar leyendo sus derechos. —dijo satisfecha. —Esa, no molesta más.
        Lo que no sabía era lo equivocada que estaba. Sus compañeras llegaron al lugar donde volcó la moto, solo para encontrar el vehículo volcado, un casco y unos guantes en el suelo.  De ella, ni sombra.
        —¡Lo sabía!  —dijo Ornella dándose un golpe en el muslo con la palma de la mano —Esa es mas resbalosa que una guabina. Una mujer capaz de hacer cosas tan aterradoras, se escapa ante nuestras narices como si fuera la hija del amo y señor de los escapes difíciles. Houdini.
        —No puede llegar lejos, su señoría — repuso el comandante Kyle Lancaster, que acudió al lugar. —Me traje a la unidad canina.
        La unidad canina, eran cuatro canes de raza pastor alemán, entrenados como perros policías detectores de narcóticos, estupefacientes y también de restos humanos,  sumamente competentes como puede serlo todo animal entrenado para ayudar a la policía.
        Al oler una prenda de la mujer, salieron al bosque cercano cerca de la cuneta donde cayo la moto, entre ladridos.  Llevados por tres oficiales que los llevaban sujetos con una correa especial.  Sin embargo, luego de tres horas de intensa búsqueda, no lograron dar con ella.
        —No puede estar lejos, Atenas es buena tiradora, seguramente debe haberla rozado, — observó Kyle — Hay huellas de sangre aquí.  No llegará lejos.
        Crismary lo miró, alto, cabello castaño, ojos intensamente azules, por eso su apodo de “Acero”  lo mismo podían ser pasionales y cálidos, como fríos y crueles.   Un hombre que hacia que su corazón latiese descontrolado.
        —¿Y esa cara, princesa?
        —Otra vez se escapa, no me gusta. — respondió la chica con gesto frustrado. — Cada vez que se escapa, pasa algo.  Y me temo que posiblemente vaya detrás de ti.
        —No soy su tipo.  —sonrió con coquetería. —A ella le gustan como Vance y Kent,  a mi ni me mira.
        —Quisiera pensarlo y creerlo. De verdad, quisiera creerlo.
        Kyle se acercó a ella, provocativo e insinuante. Le puso ambas manos en los hombros y la miro fijamente a los ojos.
        —¿Eso, son celos? — inquirió —¿O me equivoco?
        No podía mentirse, sí, lo estaba. No como para matarlo, en el arranque de mío o de nadie. Lo estaba como una mujer que ama de verdad, sentiría los celos.
        —Sí. No voy a esconderlo.  No es la clase de celos enfermizos de tu ex pareja. — añadió — Es el celo de quien se preocupa por ti, que no quiere que te pase nada y de pasarte, es capaz de rifársela.
        Los ojos de Crismary, negros, de mirar cálido, envolvieron al hombre en su reflejo.  No podía escapar de su influjo.  Se acercó a ella.
        —Crismary, ya lo hiciste una vez. — respondió con calidez —Creo que debemos definir lo nuestro. Yo deseo rehacer mi vida a tu lado. Ya me harté de rubias tontas sin cerebro que lo único que saben son todas las formas del amor físico.
        Y era cierto. Crismary pensaba muchas veces, como esas mujeres satisfarían a un hombre como Kyle.  Y la comparación con ella misma la ponía triste e incomoda. Esas no sabían amar, como ella.
        Al ver la sombra en sus ojos, Kyle se acercó más. Ella tembló al sentir cerca aquel cuerpo atlético y fuerte que tantas veces observó en el polideportivo.
        —No te pongas así. —dijo al verla tan triste — No soy el príncipe inalcanzable que te imaginas. De hecho soy mas fácil de complacer que el resto de los hombres.
        Ella sintió que rodeaba su cintura con ternura atrayéndola suavemente a su pecho y abdomen.  El calor de su piel a través del uniforme. Tenia miedo, de ella misma, de él, pero sobre todo de perderlo en manos de aquella criminal.
        —Mírame. Niega lo que nos pasa. — la apremió apasionado. —Podrás huir de mi, pero no de ti misma, ni de tus propios sentimientos. No luches contra lo que sientes.
        Sus labios cubrieron los de Crismary, en un beso tierno, sensual, envolvente, que hizo que la chica le rodeara el cuello con los brazos.  Y el aprovecho para sentir el cuerpo de la chica en el suyo.
        —Tenia tiempo de no sentir contra mi cuerpo el de una muchacha. —suspiró sensual —Eres una tentación con una piel de vainilla y canela. Me encantas, Crismary.
        Ella apoyo la mejilla contra el pecho del hombre, gozando del aroma marino de su colonia y del jabón con el que se bañaba, combinado con el aroma natural de su piel.
        —Y yo no me entiendo, cuando estoy cerca de ti. No me entiendo.
        —No es necesario que te entiendas… solo siente, nos queremos, eso es lo que cuenta.
        Crismary pensó en Sam.  Desde aquel lejano día en 1988 que se vieron en el vestíbulo del Hotel Continental.  El recuerdo de él aparecía cuando menos lo esperaba. Y no ayudaba que Kyle se le pareciera tanto, pese a todo, ella sabia quién la besaba, y no era aquel constructor de la Florida.

        —Decidamos ahora lo que vamos a hacer de aquí en adelante con lo nuestro. Me quieres, te quiero, estas sola y yo también, podemos unir nuestros destinos, hacer algo bueno con ellos. Crismary, te necesito a mi lado.