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domingo, 31 de agosto de 2014

NO ME DEJES OLVIDAR VII PARTE

CAMBIO DE GUARDIA EN EL PRECINTO…
        Cruz estaba triste, los últimos acontecimientos la habian preocupado mucho,  aquella mujer estaba atacando a los blancos mas vulnerables y desprotegidos, entre esos Kent.  Temia que lo mataran, ya tenia una cicatriz precisamente por eso, no podia evitar ser como era.
        Le sorprendió mucho ver un lujoso VOLVO azul marino en el estacionamiento.  Aquel auto no era otro que el del senador Carlyle.
        Foster Carlyle era sumamente apuesto, un tanto mas joven que el doctor Lancaster, pero de un atractivo peligroso, que le daba el ser un hombre casado. Casado con Camel Windshield una rica heredera que lo llevo al éxito político que ahora tenia. Era el senador mas joven en la historia del Senado norteamericano. 
        —Cruz Quirós, no puedo creer mi buena suerte —. Dijo por todo saludo, ante la sorprendida chica.
        —Ha pasado mucho tiempo —.  Intentó permanecer tranquila. — ¿Cómo estás?
        —No tan bien, antes de verte. Estás bellísima — se acercó para verla mas de cerca. Era un hombre seguro de sus atractivos, de sonrisa sexy que enamoraba a cualquier muchacha ingenua. Ya Cruz no era esa chica,  lo del veinte de diciembre la marcó profundamente.
        —¿Cómo está tu esposa?
        —Debe estar bien, en París, con el amante de turno —. Repuso con acento amargo —Sabes que nuestro matrimonio era solo de conveniencia, con momentos de pasión y erotismo en medio.
        —Podias haber terminado con eso, si tan mal te sentías. —respondió, incómoda por el giro que tomaba la conversación —No sé, que estás haciendo aquí, cuando en Panamá dejé bien claras las cosas entre nosotros.  Eres un hombre casado, respeta a tu mujer, aunque ella no sea igual contigo, respétate como hombre y senador, y por ultimo, respétame a mí, no arruines una carrera que me ha costado años levantar.
        —¿Me echas?
        —Sí.  Ya no soy la chiquilla ilusionada que solo vivía por una mirada o sonrisa tuya, en aquellos tiempos.  Ya tengo veintiséis años, una carrera en alza, y tal vez, si tomo la decisión correcta, una familia y un hombre que me ame de verdad, sin secretos en medio de los dos.
        —Cruz, por favor, escuchame.
        —No tengo nada que escuchar, Foster. Ya hiciste tu vida, déjame hacer la mía. Por mi parte, esta conversación termino hace mas de cinco años.  Déjame tranquila.
        Y lo dejo en el patio de patrullas, sin saber que Kent Lancaster presenció todo desde su auto.
        —Con que tú, eres mi rival en el corazón de Cruz María. Y para acabar de completar, eres casado. —se dijo —Bien, te la voy a pelear. Ella es mía, y va a ser mía para siempre.
        Kent apretó el puño, ahora la admiraba más, por ser una mujer digna que no aceptaba ser relajo ni segunda opción de nadie. Ni siquiera de un político famoso.
        Al verla salir, enfilo su auto hacia la acera donde estaba ella.  Habia llegado a buscarla.
        —Hola, princesa. — aparentó tranquilidad, aunque el corazón le ardía de celos.
        —Hola, pensé que no vendrías a buscarme después de lo de tu hermano. — y lo besa en la mejilla.  El tacto de los labios de la chica en su rostro lo hace estremecer, pero disimula.
        —Tengo un par de minutos esperándote.
        —Creo que te debo una explicación —dijo la chica sonrojándose al recordar la conversación pasada —El hombre que viste es el senador Foster Carlisle. Lo escolte cuando comenzaba la cosa en Panamá.  Intento que tuviéramos un amorío, pero no lo permití. Es un hombre casado, con una mujer rica, que puede fastidiarme mucho la vida si le da la gana.  No tengo tiempo ni ganas de pasar por algo asi.
        —Se parece mucho a mí.
        —Físicamente, sí.  Interiormente, lo dudo. —añadió con convicción. —El inicio trabajando como valet parking en un spa de lujo donde iban los ricos y famosos, alli le conoció la esposa, se encapricho con él, lo hizo su amante, cuando los padres descubrieron aquello intentaron comprarlo para que se alejara de la chica, pero ella hábilmente adujo que estaba encinta, y logró casarse con él.
        —¿Cómo sabes esa historia?
        —Maryland, ella investigaba al admirador cuando se enteraba que alguna de nuestras asignaciones se sentia atraída por nosotras, en este caso, yo.  Y lo que descubrió no le gustó nada.
        —Es muy protectora con ustedes.
        —Lo es, en efecto —prosiguió —, luego de casarse con él fingió caerse de un caballo para hábilmente perder al bebé. Desde ese momento, él ascendió mucho en la política, volvió a la Universidad, se graduó de abogado, todo esto a expensas de la plata de la esposa.  Ahora, es uno de los senadores mas jóvenes del Estado y se rumora que posiblemente se postule para la Presidencia.
        —No te atrae nada ese mundo.
        —No, él es una marioneta en manos de su familia política y de su mujer, ese es un matrimonio de apariencias, no hay sentimientos, cada uno anda por su lado, haciendo su vida. —repuso con amargura y desdén —No es mi idea de un hogar, de una pareja, menos mal que no han tenido hijos, los niños sufrirían mucho con ellos.  Y las cosas materiales no compensan el abandono y la falta de atención.
        —¿Has pensado en lo que te propuse?
        —Lo he pensado. Ya Crismary arregló lo suyo, solo faltamos nosotros. No pienso esperar que esa loca vuelva a atacar para tener una respuesta. —Respondió con angustia en la voz —Deberás tenerme paciencia, no tuve novios, ni amantes, soy una libreta en blanco, se que a muchos no les gusta enseñar a nadie a amar.
        —No te exijo experiencia, Cruz. —levantó la barbilla de la chica con ternura. —Es hermoso saber que la mujer que amas, será única y exclusivamente tuya, sin huellas de caricias extrañas ni de besos prohibidos y fingidos,  una mujer para ti solo, en cuyo cuerpo solo estarán tus besos y tus caricias.
        Esos ojos azules, acerados, como los de Kyle, la miraban apasionados. Cruz tembló interiormente al imaginar una situación de total intimidad con él. Como besaría, como acariciaría… como…
        —No te arrepentirás de haberme aceptado, Cruz, voy a hacerte tan feliz, que no tendrás tiempo de pensar en tantas tristezas que has tenido en tu vida.
        Llegaron a la residencia universitaria donde la chica vivía con su hermana Crismary y el resto de las compañeras del precinto.
        —Aquí me quedo. Gracias por traerme.
        Kent la atajó suavemente por un brazo, acercándola a su pecho.  Cruz lo miró sorprendida, por un momento no pudo hablar de la sorpresa.
        —Espera, ¿te despides así de mí? — su voz sonó sensual, seductoramente ronca y grave a sus oídos.
        —Kent, yo…
        No pudo seguir hablando, él le cerró la boca con la suya en un beso largo, apasionado, se extralimitó al besarla. Y ella no pudo casi responderle, no sabía como.
        —No sabes besar — suspiró cuando separó sus labios de los de la chica, —no es problema, te enseño a hacerlo.
        Y volvió a besarla, esta vez con suavidad, ternura y cariño, apretándola en sus brazos.  Cruz le rodeo suavemente el cuello con los brazos y dejo que se extralimitase todo lo que quisiera.
        En una vieja galera, Ariane, estaba ardiendo en fiebre, los golpes recibidos en la huida del departamento de Kyle, la habian dejado con múltiples escoriaciones y hasta una torcedura de tobillo que le incapacitaría por buen rato. Y la rabia que la consumía, tenia días que no dejaba su huella de terror, sangre y dolor por las calles de la ciudad, todo esto por cinco mujerzuelas entrometidas que con un cuchillo y un revolver la pusieron a raya las tres últimas ocasiones que lo intentó.
        —Aun no se pronuncia la última palabra, volveré y voy a hacerles pagar con sangre todo lo que me han hecho…

        Lo que no se imaginaba era que con ese juramento firmaría su sentencia de muerte, a manos de alguna de ellas.